Nosotros somos el cambio. Jóvenes activistas por el clima

«Nosotros somos el cambio», reúne la historia de dieciséis jóvenes de todo el mundo que ha puesto en marcha proyectos para proteger el medio ambiente, exigir responsabilidades, defender la justicia social y buscar alternativas que nos permitan combatir el cambio climático.

Una chica que ha recogido miles de pelotas de golf del fondo del mar, una niña que escribe un blog en el que habla de la alimentación en su comedor escolar, un chaval que pone en marcha un taller de skate y medioambiente en el Bronx, una joven indígena que alza la voz para denunciar la destrucción de la selva… Sí, hay muchas personas en todo el mundo que están trabajando por un mundo mejor.

Debemos ser más.

Este libro, publicado por SM, pretende acompañar en esa toma de conciencia, fortaleciendo tanto la confianza en que la acción puede cambiar cosas, como mostrando aspectos que conocer mejor para tener un pensamiento crítico. Salir a la calle un poco más informados, protestar sabiendo por qué y contra quién, aclarar algunos conceptos clave que damos por asimilados pero se vuelven difusos cuando echamos mano de ellos.

El cambio del que hablamos debe afectar a cómo generamos energía y cómo la consumimos, a la explotación de las materias primas, el diseño de las ciudades, el consumo del agua, la producción y consumo de alimentos, la relación con los ecosistemas, etc. Y esto, tan concreto, se asienta sobre algo no tan sencillo de medir pero esencial para que sea posible, un cambio de mentalidad. Otra forma de pensar, de organizar nuestro mundo, otro tipo de expectativas vitales.

Infórmate, actúa en tu vida cotidiana, protege tu entorno, alza la voz, forja alianzas, piensa en nuevas direcciones. ¡Nosotros somos el cambio!

Nosotros somos el cambio.

La casita bajo tierra en la web de rtve

En esta entrevista hablo con Jesús Jiménez, periodista cultural de rtve y gran amigo, sobre La casita bajo tierra, la serie de libros protagonizados por la familia Zarzamora. Como siempre, sus preguntas me ayudan a recorrer el trabajo, reflexionando en voz alta.

Recojo aquí una versión algo resumida y si tenéis curiosidad podéis encontrarla completa en la web.

LOS ZARZAMORA, UNA SIMPÁTICA FAMILIA DE LIEBRES QUE CONQUISTARÁ A LOS NIÑOS

por Jesús Jiménez (@vinetabocadillo) – 29/09/2020

Una simpática familia de liebres se muda a un nuevo valle y a una  fantástica casa donde vivirán numerosas y divertidas aventuras. Así comienza La casita bajo tierra (B de Blok), la nueva saga de literatura infantil de la escritora Catalina Gonzalez Vilar y el ilustrador Toni Galmés, de la que se han publicado los dos primeros volúmenes Cosecha de amigos y La fiesta de la primavera.

Ilustración de Toni Galmés

Catalina (Alicante, 1976), nos presenta a los protagonistas: «Los Zarzamora son una familia de liebres compuesta por los padres, Sam y Mirna, y sus trillizos, Lena, Tom y Oli».

«Vivían cerca del mar, pero acaban de mudarse tierra adentro, a un valle llamado Rocadeliciosa, donde viven otras muchas liebres -continúa Catalina-. Es un lugar idílico en el que he recreado la naturaleza de mi infancia, el bosque mediterráneo, con pinos, encinas, romero, tomillo, alguna balsa de riego, una pequeña cueva que explorar… Allí encuentran nuevos amigos, y también una comunidad muy unida, en la que los oficios y destrezas de cada cual suman para cualquier proyecto que emprendan juntos. Suena utópico, ¿verdad? Pero es importante imaginar un mundo mejor».

Unos trillizos muy simpáticos

Lena, Tom y Oli, unos trillizos muy simpáticos, son los grandes protagonistas de estos cuentos. «Aunque a menudo forman una piña, tienen caracteres muy distintos -asegura Catalina-. Lena es la más madura, y de algún modo ejerce de hermana mayor, aunque los tres tengan la misma edad. A la vez es bastante independiente, le gusta poder ir a su aire y dar largos paseos por el valle. Tom es impulsivo y alegre, lo convierte todo en una competición o un desafío. Es goloso y burlón, y un acicate para sus hermanas. Oli, por su parte, es la que tiene un carácter más tierno y aniñado. Es la infancia aún en estado puro y creo que es inevitable recorrer las historias de su mano».

Ilustración de Toni Galmés


Catalina nos cuenta de qué van estos dos primeros títulos de la colección: «Cosecha de amigos es la historia que abre la serie y cuenta la llegada de los Zarzamora al valle de Rocadeliciosa. Han comprado por correo una casa en un hermoso árbol, la Gran Encina, pero cuando llegan descubren que su futuro hogar está casi en ruinas y que deben ponerlo a punto».

«El segundo, La fiesta de primavera, gira en torno a los preparativos del cumpleaños de los trillizos. Es su primera celebración en el valle y quieren que sea muy especial, pero cada uno de ellos tiene sus propios planes para la fiesta, lo que causará más de un problema» -añade Catalina-.

Unos cuentos que enseñan a los niños a amar a la naturaleza

Aunque estos libros son muy divertidos para los niños también les enseñan cosas importantes. «En el mundo de los Zarzamora prima el amor por la naturaleza, la curiosidad, la amistad, la solidaridad entre vecinos, el aprecio por el trabajo artesano, el hogar como un lugar en el que estar a salvo, sentirse aceptado y querido» -asegura Catalina-.

«Tiene que haber libros de todo tipo -añade la escritora-, y parte del desafío que aborda el lector a medida que crece es ir afrontando historias que lo confrontan con aspectos más complejos, oscuros, inquietantes. Pero es maravilloso poder disfrutar también de encontrar refugio en la lectura, poder sumergirse en un mundo que se acerca más a lo que desearíamos, con conflictos manejables para los protagonistas y para los lectores. Sentir que esa lectura despierta en nosotros, o aviva, el deseo por ciertas cosas, preparar una yincana para los amigos, decorar nuestra habitación para hacerla más nuestra, preparar un pastel, tener un mejor amigo o montar una obra de teatro».

Ilustración de Toni Galmés

Sobre sus influencias a la hora de crear este mundo de fantasía, Catalina confiesa que estos cuentos «están inmersos en una larga tradición de libros protagonizados por animales que actúan como seres humanos. Beatrix Potter, Jill Barcklem, A. A. Milne, Kenneth Grahame, Janosh, Arnold Lobel… son infinidad. Sus textos y sus ilustraciones conforman buena parte de nuestra educación sentimental, tanto mía como de Toni Galmés, el ilustrador. Y ambos nos hemos acercado a ellos con amor, hemos trabajado en su compañía. La esperanza, con todo, es escribir e ilustrar sobre quienes somos ahora, encontrando nuestra voz».

Cuentos para compartir entre padres e hijos

En cuanto al secreto para captar la atención de los niños, Catali lo tiene muy claro: «Buenas historias. Bien contadas. Con ritmo y emoción. Con suficiente verdad en ellas para que al leerlas el niño, el lector de cualquier edad, intuya que está ampliando quien es».

«Pero para dar con esas lecturas hay que tener la oportunidad -añade-, y a eso ayuda tener personas alrededor que lean, bibliotecas en las que curiosear y tiempo de calidad. Esto sirve tanto para los niños como para los mayores».

Unos cuentos que están especialmente indicados para los primeros lectores (de seis a ocho años). «Sí, aunque con primeros lectores me refiero a aquellos que comienzan a embarcarse en historias un poquito más largas. En ese caso, el tipo de historia, los capítulos cortos, las ilustraciones que acompañan la lectura, le ayudarán a sentir que son libros asequibles para él, azuzarán su curiosidad y le ayudarán a disfrutarlo».

«Por otra parte, esos mismos ingredientes las hacen perfectas para la lectura acompañada, esos ratos compartidos entre padres e hijos, en los que se lee un cuento antes de dormir o el capítulo de un libro.»

Catalina González Vilar, 2020

Unas ilustraciones preciosas

Destacar las ilustraciones de Toni Galmés, que contribuyen a hacer despegar la imaginación de los niños. «Hay muchas cosas que me gustan del trabajo de Toni, su frescura, la alegría que transmiten, la ternura. Pero si me tengo que quedar con algo, es con su capacidad de reflejar no solo la acción, sino la emoción que impregna esa acción en concreto que está narrando visualmente» -asegura Catalina-.

Lo mejor es que estos dos libros son solo el comienzo de lo que promete ser una larga saga: ¡Sí, habrán más historias de La casita bajo tierra! Hay mucho que descubrir y vivir en Rocadeliciosa -asegura Catalina-. Así que en primavera llegan dos nuevos libros. En uno de ellos los trillizos, siguiendo una antigua leyenda, se adentran en una cueva del valle, y en el otro viajan a la costa, a Piedras Blancas, para pasar parte del verano con sus abuelos».

La casita bajo tierra

El 10 de septiembre llegan a las librerías los dos primeros títulos de La casita bajo tierra, una serie de libros ilustrados para primeros lectores que cuentan el día a día de la familia Zarzamora.

Los Zarzamora viven en la Gran Encina, en un valle lleno de liebres que forman una comunidad de lo más unida. Allí los trillizos, Oli, Lena y Tom, disfrutarán de la naturaleza, los amigos, las excursiones, los juegos y las celebraciones. Un mundo entrañable con pequeños desafíos que les permitirán irse conociendo mejor a ellos mismos.

Los libros están ilustrados por Toni Galmes, que ha logrado que las páginas estén llenas de color, de naturaleza, de emociones. Los lugares, la personalidad de los distintos personajes, las escenas que relata la historia, todo cobra vida en las ilustraciones de Toni haciendo inolvidable la lectura.

El primer libro de la serie, Cosecha de amigos, cuenta la llegada de los Zarzamora al valle de Rocadeliciosa, donde descubrirán que la casa que han comprado se encuentra en peores condiciones de lo que esperaban. ¿Cómo lograrán hacer habitable la Gran Encina? ¿Lo conseguirán solos, o descubrirán que en el valle van a encontrar mucho más que una casa en la que vivir?

Cosecha de amigos, con ilustraciones de Toni Galmes

En el segundo libro, Fiesta de primavera, se acerca la fecha más esperada por los trillizos, ¡su cumpleaños! Los tres desean que su primer aniversario en el valle sea muy especial, pero cada uno tiene una idea distinta de cómo lograrlo. Tras muchos preparativos, sorpresas y algunos momentos de crisis, la celebración será resultado de su trabajo en equipo.

Fiesta de primavera, con ilustraciones de Toni Galmes

Los libros de La casita bajo tierra son ideales para leer en voz alta antes de dormir, capítulo a capítulo. Y también para que los primeros lectores, animados por las ilustraciones, se adentren a solas en el mundo de los Zarzamora. Un lugar seguro, lleno de luz y de creatividad, de emociones, familia, amigos, naturaleza, donde nos envuelve la sensación de hogar y, a la vez, de una viva curiosidad hacia el mundo.

Cosecha de amigos (La casita bajo tierra, 1), Catalina González Vilar, ilustrado por Toni Galmes, Editorial B de Block, septiembre 2020

Fiesta de primavera (La casita bajo tierra, 2), Catalina González Vilar, ilustrado por Toni Galmes, Editorial B de Block, septiembre 2020

Un mundo microscópico, el apasionante trabajo de editar un libro de divulgación científica para niños

Hace algún tiempo tuve la oportunidad de dar una breve charla en Naukas Bilbao, un encuentro de divulgadores científicos que es un referente en nuestro país. En ella intenté sintetizar algunas de las cualidades que pueden hacer de los libros de divulgación científica para niños herramientas valiosas, estimulantes y capaces de transmitirnos tanto las ideas como la emoción de la ciencia. En aquel momento, entre otras cosas, argumenté que un buen libro de divulgación científica muestra cómo se ve el mundo a través de la ciencia, emociona, genera nuevas preguntas, es honesto, valiente, creativo. Que en un mundo saturado de información, este tipo de libros deberían poder ofrecen un relato ordenado y coherente, adaptado al lector, que sirviese de punto de apoyo para nuevas búsquedas y ampliase su visión del mundo.

Un mundo microscópico, Jose Ramón Alonso
Ilustraciones de Iratxe López de Munáni, Next Door 2019

Cuando algo después la editorial Next Door me propuso colaborar con ellos para dar forma a su primer libro de divulgación científica para niños, supe que era la oportunidad de tratar de llevar a la práctica esa hoja de ruta. Fácil decirlo y quizá no tan sencillo lograrlo. Por suerte sabía que podría contar con excelentes divulgadores e ilustradores, y con la libertad creativa sobre la que se asienta Next Door, una editorial valiente como pocas. Su confianza en mí me proporcionó el enorme privilegio de disponer de una página en blanco sobre la que diseñar el proyecto.

Un mundo microscópico, Jose Ramón Alonso
Ilustraciones de Iratxe López de Munáni, Next Door 2019

¿Y por qué proponer escribir, en esa página en blanco, un manual sobre el uso del microscopio? Hay múltiples razones, entre otras el convencimiento de que en ese juego de acercamiento al mundo científico a través de sus herramientas nos encontramos todos, los niños que observan un ala de mosca y los científicos que trabajan en sus laboratorios. Y ese sentirnos iguales, a la búsqueda, es un valioso aprendizaje para ambos.

Pero además hay un motivo personal. ¿Qué no es personal? Siendo niña, mi padre, que era químico, me regaló un microscopio. El aparato venía acompañado de un pequeño cuadernito, un puñado de hojas grapadas, con explicaciones sobre su uso y algún experimento. Estoy segura de que la información era precisa y adecuada, seguramente apasionante, pero lo cierto es que el formato y el tono lo hacían para mí tan atractivo como el manual de instrucciones de una lavadora.

Un mundo microscópico, Jose Ramón Alonso
Ilustraciones de Iratxe López de Munáni, Next Door 2019

Aunque aún conservo la sensación de asombro y fascinación ante los descubrimientos hechos con aquel microscopio y con otro, de bolsillo, que mis hermanos y yo llevábamos de aquí para allá, lo cierto es que cuando tuve la oportunidad de elegir el tema en el que se centraría este primer libro de Nex Door para niños volví a pensar en aquel manual. Y pensé que sería estupendo poner al alcance de los lectores más jóvenes una guía que les acompañase en esos primeros pasos como lo haría un buen amigo, con confianza, alegría y entusiasmo.

Espero que este libro cumpla con ese objetivo. Trabajar en él, junto con José Ramón Alonso, Iratxe López de Munáin y el quipo de Next Door ha sido todo un aprendizaje. Un mundo microscópico nos espera, y otros muchos, en las páginas de los libros.

Un mundo microscópico, Jose Ramón Alonso
Ilustraciones de Iratxe López de Munáni, Next Door 2019

LULA LUCIÉRNAGA en El Barco de Vapor

En lo profundo del bosque un grupo de insectos ensaya un teatrillo de sombras. Lula Luciérnaga es la encargada de la iluminación, pero la noche antes de la función pierde su luz de forma accidental. Temiendo por la representación, ella y sus mejores amigos, Avispa y Rino, emprenden un trepidante viaje en busca de alguien que pueda prestarles su luz durante unas horas. Viajarán a las estrellas, al corazón de la tormenta y hasta el fondo marino, donde el Pez Linterna trabaja como acomodador del Gran Teatro. ¿Lograrán que alguien comparta con Lula su luz por una noche?

Presentación de los personajes principales

El libreto de Lula Luciérnaga, ilustrado por Luisa Uribe, acaba de ser publicado en la Serie Blanca del Barco de Vapor, dentro de la iniciativa de la editorial SM de aumentar los textos dramáticos destinados a los lectores más jóvenes. ¿Y cómo no desear que gracias a estos libros muchos de ellos puedan descubrir el teatro, bien leyendo las obras en silencio o declamando sus diálogos en voz alta? ¿Y no se lanzarán algunos a interpretarlas con guiñoles o junto a sus familiares? ¿Soñarán con llevar estas obras a escena junto a sus compañeros en una función escolar?

Es curioso como cada libro tiene su propia trayectoria, su vida previa a ser publicado tal y como lo conocemos, y pocas veces es una línea recta. Hace ya bastantes años, en una época en la que residía en Valencia, un par de amigas, Gloria y Lucía, vinieron a verme a casa para proponerme que escribiese una obra de teatro infantil. Ella y un grupo de amigos, veinteañeros en su mayoría y de procedencia muy diversa, estaban buscando un proyecto para trabajar juntos y dar forma a «algo». Había un gran deseo de exploración y juego en esa propuesta, de probar las propias capacidades y disfrutar de las de los demás. Acepté y escribí Lula Luciérnaga pensando en algo sencillo pero que ofreciese un terreno lleno de posibilidades escénicas. Durante los siguientes meses cada cual puso en el proyecto sus talentos y su entusiasmo, y así la obra fue tomando forma. Diseño de vestuario, música, dirección de escena, iluminación, escenografía, interpretación. Lula Luciérnaga cobró vida por primera vez durante unas pocas representaciones.

Ilustración del teatrillo de sombras que ensayan Lula y sus amigos

Años después, barajando distintos proyectos con la ilustradora alicantina Paula Alenda, acariciamos la idea de autoeditar en su línea de papelería Con trompa y cartón el libreto de Lula Luciérnaga ilustrado por ella y acompañado por un teatrillo de papel y cartón con el que ponerlo en escena. Paula se puso manos a la obra y Lula y sus amigos aparecieron en sus acuarelas, como siluetas recortables enmarcadas en un precioso teatro de cartón diseñado para la ocasión.

Gracias a la nave del Sr. Ciempiés podrán viajar a las estrellas
En su viaje Lula conocerá también al Rayo,
perseguido siempre por el Trueno, a peces, medusas y muchos otros seres

La obra, que ha crecido a lo largo de este proceso, tiene ahora más personajes y la acompaña, como es habitual en las obras de teatro del Barco de Vapor, una introducción con anotaciones sobre los personajes y sugerencias que despierten y estimulen la imaginación a la hora de ponerla en escena. Dado que la historia gira en torno a la búsqueda de luz por parte de Lula y su peregrinaje por distintos seres y fenómenos naturales dotados de esta, la iluminación tiene un protagonismo especial, con propuestas sencillas pero eficaces que potencien tanto su efecto estético como dramático. Baile, percusión, teatro dentro del teatro, la obra admite explorar en distintas direcciones, ampliar o reducir los participantes, representarlo en un espacio doméstico o en un gran escenario, de manera que cada cual pueda hacerla suya.

Desde el ambiente nocturno del bosque al resplandor de las estrellas, los relámpagos de la tormenta, las medusas que brillan en el fondo del mar, jugar con la luz puede dar resultados espectaculares

Recordando ahora todo esto, a aquellos amigos que vinieron hace años a pedirme una obra de teatro movidos por el deseo de trabajar en algo que les entusiasmase y les permitiese descubrir de lo que eran capaces, pienso que acertaban, y que el teatro puede ser ese lugar, esa oportunidad que te permite hacer lo que solo no podrías lograr, y descubrirte así de un modo distinto en combinación con los talentos de otros.

¿Cómo tomó forma «Mister Black»?

      – ¿Ya lo tienes?

Miguel me ha llamado esta mañana. Ha recibido nuestro libro, Mister Black, recién llegado desde Francia. A mí aún no me ha llegado, así que me tengo que conformar, de momento, con su alegría y sus primeras impresiones. Han sido cuatro años pensando en nuestro vampiro y, por fin, el libro.

Interior La invasión marciana (A Buen Paso, 2014)

      Miguel Pang y yo nos conocimos a través de Arianna Squilloni, editora de A Buen Paso, que nos reunió para La invasión marciana, un álbum divertido y loco al que los dos tenemos muchísimo cariño. Trabajamos muy a gusto y a mí me encantó el universo tan personal de Miguel, sus ilustraciones extravagantes y llenas de fuerza, sus referencias visuales, tan alejadas de lo habitual. Un tiempo después decidimos que nos apetecía preparar un nuevo libro juntos y ver qué salía. Le envié un par de textos y eligió uno aún apenas esbozado. Era una idea que yo acariciaba desde hacía tiempo, la historia de un personaje que ama el color rosa pero debe mantenerlo en secreto.

      Esta historia tiene su origen en el pequeño conflicto que tenía yo de niña con este color. Por una parte me encantaba, como a la mayoría de las niñas, y por otra parte lo rechazaba de plano, asociándolo con una imagen de las chicas demasiado cursi y limitada. En aquellos años quería parecerme todo lo posible a mis dos hermanos, no mucho más mayores que yo, y que se pasaban el día jugando juntos. Con el tiempo llegarían mis dos hermanas pequeñas, pero en aquel momento la diversión estaba, claramente, en el cuarto de los chicos. Por lo tanto, yo me interesaba vivamente por todo lo que me acercase a ellos y despreciaba, como una pequeña snob, lo que consideraba «cosas de chicas». Y eso incluía, en primer lugar, las cosas de color rosa.

The Pink and Blue Proyect – JeongMee Yoon´s

Cuando iba a casa de algunas de mis amigas descubría todo ese mundo de cosas apetecibles, series de dibujos de chicas, muñecas a las que maquillar, pulseras de plástico plateado con cristales de colores, pero tenía muy claro que debía despreciarlas. Yo hacía karate en vez de ballet, jugaba con los Clicks de Playmobil en vez de con Barbies, veía Sherlock Holmes en vez de Candy Candy. Bueno, sí, me perdí algunas cosas, pero ¡disfruté tantísimo de todo esto!

Sea como fuere, se quedó en mí esa sensación de anhelar algo de manera secreta, ese pequeño conflicto con tu identidad. Y como suele pasar con tantos aspectos de la vida, y tantas experiencias, esa sensación pequeña, casi anecdótica, se mostró con el tiempo como una especie de metáfora de otros conflictos personales con los que nos vamos encontrando. Un puente que te ayuda a entender, de algún modo, lo que otros pueden sentir a escalas y con intensidades muy distintas.

Así que Mister Black, un vampiro que ama el rosa en un mundo en el que esto no está bien visto, es una historia sobre nuestros secretos y nuestros anhelos. Sobre la libertad de ser y sentir. Sobre la intolerancia y la hipocresía que a veces mueven al grupo, aunque luego, uno a uno, como individuos, todos alberguemos peculiaridades, pasiones, deseos, que se salen del molde, que nos hacen pensar si quizá eso nos señalará, nos hará «distintos» a ojos de quienes queremos agradar, de quienes queremos que nos acepten.

En ese primer boceto, Mister Black se llamaba Mr. Pink, y no era un vampiro. En vez de un descapotable rosa conseguía un elefante de ese color. Todo estaba ahí y todo era distinto. Y entonces Miguel comenzó a trabajar sobre esas primeras frases, y mi historia se llenó de monstruos, y de un look funky que él compartió conmigo mostrándome este vídeo:

      ¿Quién podría resistirse?

Me encantó que el personaje fuese un vampiro. Y que el mundo Pang hubiese hecho explosión de ese modo en el interior de mi historia. Pasé un tiempo dándole vueltas, sin saber exactamente cómo madurar la historia para que funcionase. No había prisa, pensé que si le seguía dando vueltas iría encajando. Y así fue. Un día me di cuenta de que Mr. Pink debía ser, en realidad, Mr. Black. Que el elefante era un descapotable. Que un hecho fortuito, un incendio, revelaría ante sus ojos la verdad, que todos, en la intimidad, somos extravagantes, poco convencionales, más libres de lo que aparentamos… ¡o eso quiero pensar! La revolución es permitir a cada uno ser como quiere ser, como se siente, y celebrarlo. Que eso sea motivo de encuentro, de maravilla, de disfrute.

Sí, ya nada volvería a ser lo mismo.

Boceto para «Mister Black» by Miguel Pang

Con un texto más definido, Miguel comenzó a trabajar el mundo de Mister Black y de los otros personajes, en el interior de su castillo, en ese mundo rosa que esconde en él. Fue un trabajo largo. Es lo que tienen los proyectos personales. Se intercalan otros proyectos con plazos de entrega, se experimenta con técnicas o papeles o colores nuevos que llevan a dar algunos rodeos… se establece con ellos una especie de lucha entre las expectativas de lo que quieres lograr en ese momento de libertad y lo que uno es capaz de hacer. Se aprende, se avanza, se conquista, centímetro a centímetro, ese terreno que hemos avistado de lejos. Te pierdes y te encuentras. Y es por eso precisamente que este tipo de proyectos merecen tanto la pena, por lo que suponen de desafío, de esos desafíos que nos acelera el pulso y nos hace sentir que estamos haciendo precisamente lo que queremos hacer. O intentándolo.

Trabajo en proceso: «Mister Black» by Miguel Pang

En un momento dado, cuando varias de las ilustraciones ya habían tomado forma, Miguel se entrevistó con Valerié Cussaguet, de Les fourmis rouges, la editorial francesa, ubicada en Montreuil. Un proyecto editorial bien construido, con libros excelentes y algunos de autores españoles a quienes apreciamos mucho, como  Manuel Marsol con «La montagne»  o  Antonio Ladrillo con «Un… monde merveilleux!» . Valeriè conectó con el álbum y para nosotros fue una gran alegría tener la oportunidad de trabajar con ella.

Boceto para «Mister Black» by Miguel Pang

¿Qué hace una editora como Valeriè con un proyecto como el nuestro? Como decía en un post anterior, pienso que el editor aporta una mirada algo más descansada y también más afilada sobre el libro, fruto de la experiencia y también de su posición de mediadora. El editor o editora no olvida nunca al lector, y con su trabajo trata de tenderle una mano. Así que desde su posición busca potenciar al máximo las cualidades de los autores, su riqueza creativa, asumiendo los riesgos que desean explorar, pero sin perder de vista que el trabajo ha de ser legible, eficaz, que debe comunicar más allá de ese diálogo interno que se ha generado entre los creadores y su obra. Ahí está el debate y el desafío. Es distinto en cada libro, y con cada libro aprendes nuevas cosas.

Trabajo en proceso – «Mister Black» por Miguel Pang

Esta no ha sido la única tarea de Valeriè. El trabajo junto al diseñador, la toma de decisiones importantes respecto a los aspectos formales del libro: formato, papel, acabados y otros mil detalles, marcan sustancialmente la diferencia y hacen del libro un objeto precioso, un tesoro en sus distintas dimensiones.

Y así, paso a paso, el libro va tomando forma hasta sus últimos detalles. Y un día recibo una llamada de Miguel, feliz, contándome que ya tiene el primer ejemplar, mientras yo aún espero ansiosamente a que lleguen los míos y Valeriè, desde Montruil, nos escribe para saber nuestras impresiones. Y en unos días comenzará la vida de Mister Black junto a los lectores, y ellos se asomarán a su historia y, con un poco de suerte, el libro que hemos creado entre todos entrará en combustión y arderá inagotablemente para ellos.

Primeros pasos para un álbum ilustrado

Muchas personas sienten curiosidad por saber cómo llegan a tomar forma los álbumes ilustrados. ¿Cómo empieza todo?, me preguntan. ¿Eliges tú el ilustrador? ¿Te piden un texto desde la editorial y lo escribes para ellos? ¿Cómo funciona?

Siempre les digo que hay diversos caminos, y que cada uno de mis libros parece haber hecho su propio recorrido. En ocasiones a un editor le gusta un texto mío y decide publicarlo, buscando para ello alguien que lo ilustre. Es el caso de Prímula Prim, un álbum sobre una pastelera que decide no comer más dulces y la sorprendente receta que inventa su esposo para ayudarla. Lara Valverde y Raquel López, editoras de Los Cuatro Azules, apostaron por esta historia y, a partir de ahí, comenzaron a buscar el ilustrador o ilustradora adecuado. Valoramos distintas posibilidades, y tuvieron la cortesía de dejarme participar en ese proceso. Finalmente tuvimos la suerte de poder contar con Anna Castagnioli, una magnífica ilustradora que aportó su delicada visión a la historia.

«Prímula Prim» by Anna Castagnoli

La medida en la que yo participo del proceso posterior depende mucho de la forma de trabajar del editor y del ilustrador. A veces hay un diálogo intenso y otras veces nos mantenemos cada uno en nuestra parcela. En ocasiones, el propio texto va acompañado de un guión sobre las imágenes que lo acompañan, ya que completan su sentido y no pueden leerse las unas sin las otras, pero esto suele dejar en cualquier caso un amplio margen a la creatividad del ilustrador.

A mí, siempre que al ilustrador le apetezca, me encanta acompañar y participar en el desarrollo del libro. Como en cualquier trabajo en equipo, pienso que hay que saber disfrutarlo, acordar entre todos cómo nos sentimos cómodos, mostrar mucho respeto y también cariño por la labor de los otros y tratar de aportar sin imponerte ni estorbar. Si se consigue es algo estupendo, que disfruto mucho, y de ahí que en ocasiones los libros surjan también como un proyecto personal, sin la mediación inicial de un editor.

Ilustración de Isabel Hojas para La familia de la vajilla impar, Edelvives 2016

En estos casos, el ilustrador y yo trabajamos juntos preparando un proyecto y lo presentamos a un premio o lo enviamos a alguna editorial con la que nos gustaría publicar. Generalmente enviamos una propuesta, es decir, el texto terminado, varias ilustraciones acabadas y el resto del álbum abocetado y explicado, para que puedan hacerse una idea. Esto permite mostrar claramente nuestra idea, pero dejar abierta la posibilidad de trabajar posteriormente con el editor o editora para terminar de rematar el libro.

Así lo hicimos, Isabel Hojas  yo para nuestro primer álbum juntas,  «La familia de la vajilla impar», que ganó el Premio Internacional Álbum Ilustrado Edelvives en 2016 y con el que posteriormente realizamos un intenso trabajo editorial con el equipo de Edelvives. También ahora, con nuestro nuevo proyecto, Un secreto secretísimo, pero esta vez enviándolo directamente a la editorial Amanuta, de Santiago de Chile, con quienes Isabel ya había trabajado y que lo publicarán próximamente.

Ilustración de Isabel Hojas para «Un secreto secretísimo», ed. Amanuta 2018

El editor aporta una mirada algo más descansada y también más afilada sobre la obra. Mientras que los autores, escritor e ilustrador, estamos ya totalmente inmersos en nuestra historia, él o ella se acerca al libro desde fuera, con los ojos de un lector que llega de nuevas, por así decirlo, y se adentra en el relato. Esto es importantísimo, porque a lo largo del proceso se han ido haciendo ajustes, cambios, versiones, y no es infrecuente que nosotros demos por sentadas cosas que ya no resultan tan evidentes. Nos parece clarísimo este o aquel detalle, clave para entender quizá no la trama principal pero sí otras subtramas o ciertos matices, pero puede ser que para el lector nada de eso sea visible. El editor mira de una manera menos saturada la historia, el libro en su conjunto, y su trabajo es decir las cosas claramente, como las ve, para ir un poco más allá y asegurar la comunicación entre la obra y los lectores.

No siempre conocemos a los editores con los que publicamos. «Mister Black», el nuevo álbum en el que hemos estado trabajando el ilustrador Miguel Pang y yo, acaba de ser publicado por la editorial francesa Les fourmis rouges, con quien no habíamos trabajado ninguno de los dos con anterioridad. Esto no solo es una oportunidad de dar a conocer nuestro trabajo en Francia, sino de trabajar y aprender de una editora, Valeriè Cussaguet,  que está llevando adelante un catálogo personal muy interesante en un país que ya de por sí ofrece un alto nivel en sus propuestas.

Portada «Mister Black», con Miguel Pang para Les fourmis rouges, 2018

El editor, además de trabajar con el ilustrador y el escritor, suele contar con un diseñador con el que va dando respuesta a multitud de cuestiones fundamentales para el libro. ¿Qué formato tendrá? ¿Dónde ubicar el texto, qué tipografía utilizar, qué tamaño? ¿Qué lugar ocupará la ilustración? ¿Irá a sangre, enmarcada, a doble página…? ¿Y la portada? La portada es fundamental para el libro como objeto, para terminar de definir su personalidad, y también en su vida pública, en su relación con el lector. Por ello suele ser motivo de un intenso debate entre ilustrador, editor y diseñador.

¿Quién tiene la última palabra en las cuestiones que van surgiendo? No lo sé. Depende de la situación y de las circunstancias. Yo intento ser flexible con mis textos, pero también tener claro qué es lo esencial que debo proteger. Y en el diálogo creo que todos seguimos formando la mirada.

Llegado este punto al libro aún le queda un largo recorrido, y es necesario realizar una buena impresión y encuadernación, una distribución eficaz, las tareas de promoción para que los lectores potenciales lleguen hasta él, la venta en las librerías, la difusión en las bibliotecas… Muchos profesionales trabajando para que esa historia llegue a manos de los lectores y cobre vida por fin.

Entrevista El Templo de las Mil Puertas

 

Por Gabriela Portillo, julio 2018

Entrevista que apareció este mes de julio en el número 64 del Templo de las Mil Puertas, la revista online sobre literatura juvenil. Gracias Gabriela por la oportunidad de hablar sobre  mi trabajo y compartirlo con los lectores. 

– Tu obra es tan ecléctica (álbum ilustrado, novela de aventuras, guías…) que cuesta presentarte. Así pues, ¿quién dirías tú que es Catalina González Vilar, la autora? 

No había pensado antes en mi trabajo en esos términos. Ecléctico es una palabra bonita y me hace pensar en algo dinámico, abierto, que explora. También podría ser un batiburrillo sin mucho sentido. Espero que este caso sea el resultado de curiosidad + libertad + oportunidades.

Para mí todo se trata de escribir, de tantear el mundo y contar historias, ya sean de ficción, como en mis novelas para niños y jóvenes, de no ficción, como en el libro informativo sobre la moda, o mano a mano con las imágenes, como sucede en los álbumes. Contar historias, contar el mundo, aprender acerca de temas que me interesan, proponer un juego al lector, disfrutar juntos de algo que me emociona y ha ido creciendo en mi mente.

Soy una persona que escribe, que ama escribir. Pienso mejor escribiendo, más ordenadamente, con más profundidad. También, en mi caso, la imaginación se ordena y crece mejor en la escritura. Me gusta muchísimo leer. Más que eso. Leer es parte de mi vida, de mi conversación con la realidad, con los demás y conmigo misma. Y escribir es una extensión de eso, de algún modo, una forma de participar de esa conversación con los otros.

– ¿Y si fueses un libro? ¿Cómo serías?  

Si fuese un libro… nunca lo había pensado. Sería tentador elegir una gran novela o un libro de poemas auténticos y vitales. Pero creo que elegiré algo más prosaico pero más lleno de posibilidades, que es algo importante, un una única historia sino la posibilidad de inventarte. Así que elegiría uno de esos libros para chicos y chicas llenos de preguntas y respuestas. Un libro hecho con pasión y lleno de curiosidades, de cosas muy diversas: cómo estalla un volcán, cómo construir una casa en un árbol, en qué consistía en lenguaje de los abanicos, cómo arreglar un pinchazo en tu bicicleta, un poema sobre unas uvas al sol, cuál es la historia de los azulejos de Iznik… Un libro robusto, fuerte, que aguante aventuras, que permita ser llevado de aquí para allá. Que esté a mitad camino entre lo sugestivo y una realidad palpable y cotidiana, y que pueda ser todo lo que tú estés dispuesto a ser, en función de cómo lo vivas. Herramientas para vivir, cosas inútiles pero que produce placer saber, o risa, o que te hacen desear otras cosas que ni siquiera aún conoces. Quiero decir, que hay mucho de muchas cosas en mí, en una mezcolanza un poco caótica pero llena de entusiasmos, y es esa pasión por esto o por aquello, esta emoción por un detalle, esta curiosidad, la que aflora en mis relatos, la que se convierte en motor de la escritura.

– En Dentro de tu armario recoges «Todo lo que necesitas saber sobre el mundo de la moda»; ¿cómo organizaste el proceso de documentación y filtrado de toda esa información? 

Es una buena pregunta, porque el proceso de documentación fue todo un placer, pero el desafío fue la tarea de ordenar, seleccionar y dar una forma a todo eso que me parecía tan interesante, tan motivador, tan revelador.

Dentro de tu armario comenzó como un proyecto personal. Desde hacía años, por curiosidad y por placer, además de para poder vestir apropiadamente a mis personajes, leía libros sobre la historia de la moda, sobre cómo nos hemos vestido a través del tiempo y todo lo que está conectado con este ámbito, que es… ¡todo! Descubrí así que es un tema te lleva de la mano a comprender mejor cómo ha evolucionado la industria, la tecnología, los materiales, la creatividad, la moral, las otras culturas, la identidad, el arte, la guerra… ¡Tantas cosas!

Así que había muchos temas entrecruzándose, y precisamente quería transmitir esa idea en el libro, por lo que pasé bastante tiempo trabajando en un índice que me permitiese organizarla de un modo que tuviese sentido y permitiese una lectura tanto salteada como lineal. Quería abrir puertas y que se pudiese echar un vistazo a este o aquel tema, con anécdotas y curiosidades que a mí me habían encantado, y que fuese una invitación a seguir investigando en la dirección que más sugerente nos resultase.

El libro está dividido en tres bloques: el vestido, su historia y la industria que hay detrás. En el primero nos encontramos con la ropa como objeto físico, como si tomásemos una prenda en nuestras manos y la observásemos pro primera vez, preguntándonos cómo está hecha, para qué la utilizamos, qué elementos la componen. El segundo bloque es un recorrido sobre la historia del vestido, a través de curiosidades y anécdotas, que nos permite leer de otro modo cómo nos vestimos hoy, de dónde vienen determinadas prendas, formas y convenciones. Por último, el tercer bloque está destinado a la industria y a los oficios en torno a la moda. Aquí confluyen muchos temas distintos, tecnología, arte, economía, publicidad, sostenibilidad…

En cada capítulo, a través de referencias de libros, blogs, películas, documentales, museos, tutoriales, tratamos también de abrir ventanas que llevasen más allá del libro, que permitiesen al lector seguir explorando.

– Extrapolando el mundo de la moda a la literatura, ¿cómo de importante consideras la estética de los libros? ¿Ha cambiado tu perspectiva al trabajar en tantos libros ilustrados?

Me encantan los libros cuidados, con buena tipografía, espacio suficiente, un papel agradable, resistentes y con una portada tan cuidada que quieras ponerlos de frente y no de canto en tus estanterías. Dicho esto, leería una buena historia como fuese, en papel cutre y con un diseño espantoso… si no hubiese más remedio. Pero sí, los buenos textos bien editados son un placer, y puedes mirarlos, ahí cerrados sobre tu mesa o en tu librería, y deleitarte, y te hacen compañía a lo largo de los años, y das gracias para tus adentros, casi sin darte cuenta, a ese editor que, junto a su equipo, tomó determinadas decisiones, hizo con amor su trabajo y creó un objeto tan hermoso.

Trabajar con ilustradores y editores en álbumes ilustrados me ha permitido educar la mirada, aprender de ellos, forzarme a mí misma a analizar y tomar una postura, algo que te hace ser más consciente y responsable de tus criterios. El mundo de los álbumes, donde la imagen y el textos, según la definición clásica, tienen una importancia similar (aunque puede haber álbumes sin palabras), puede ser enormemente creativo. De algún modo, en este ámbito todo es posible. Hay editoriales experimentando con formatos, materiales, tipos de tinta, efectos ópticos, tipos de letra, de maquetación. Y luego está la ilustración. Un mundo asombroso en el que se puede arriesgar de cero a mil. Eso sí, cuanto más personal y arriesgado más incierto es su éxito, pero así funciona en todos los campos. La apuesta depende de cada uno, de sus talentos, de sus motivaciones, del libro que desees crear.

– Has recibido numerosos reconocimientos: Premio Barco de Vapor 2012 (El secreto del huevo azul), Premio Villa Pozuelo de Alarcón de Novela Juvenil 2011 (Los coleccionistas), Premio Internacional Álbum Ilustrado Edelvives 2016 (La familia de la vajilla impar), Las lágrimas de Naraguyá es finalista del Premio Hache 2019… ¿Qué supone cada nuevo galardón para ti?

Premios Barco de Vapor 2012

Todos los premios y reconocimientos que he recibido han sido muy bienvenidos. Cada uno, en su momento, fueron una inyección de ánimo, un momento de alegría y de emoción. Los premios han dado a esos trabajos cierta proyección, han sido libros cuidados por las editoriales y me han permitido ganar algo de dinero extra, fundamental para poder seguir escribiendo. También me abrieron puertas en el mundo editorial, al menos como tarjeta de presentación, y eso es algo de agradecer.

Dicho esto, que es todo bueno, es importante no caer en la tentación de que los premios sean la validación de tu trabajo, porque quizá ya no llegue ninguno más, o los que marquen tu rumbo, porque hay libros que deseas escribir y que nunca tendrán una oportunidad en ninguno de esos premios.

– En Las lágrimas de Naraguyá recuperas el espíritu de las novelas clásicas de aventuras, basadas en el progreso industrial y tecnológico y las grandes expediciones, e incorporas el elemento fantástico desde la mitología amazónica. ¿Qué te llevó a contar esta historia? ¿Tenías algún referente en mente?

Me gustan las historias de aventuras. De niña y adolescente leí muchas que corresponden con ese formato clásico. Una historia en la que los protagonistas se ven expulsados de los límites familiares y seguros que conocían, viéndose obligados a afrontar una sucesión de desafíos inesperados con los que lidian y que les permiten comenzar a descubrir el mundo, con sus peligros y sus maravillas, y a sí mismos, con su valor, su cobardía, sus límites y sus posibilidades inesperadas. Vamos, la vida misma.

Seguro que todas esas lecturas me influyeron. Las influencias no siempre te resultan claras a ti misma. Y, además, a veces no descubres hasta tiempo después de haber terminado de escribir. Por ejemplo, en algún momento me di cuenta de que de niña había leído un cómic, protagonizado por Mickey Mouse y Goofy, en el que ambos viajaban, en un clásico viaje de aventuras por la selva, en busca de unas rosas de color negro. No recuerdo apenas nada de esa historia, que debí de leer con 6 o 7 años, calculo, pero sé que me encantó. Si, muchos años después, dos de mis protagonistas emprenden un viaje a la selva en el que buscan un tipo de flores carnívoras, aunque la historia no tenga nada que ver y ni siquiera la recordase en ese momento, ¿cómo no pensar que estoy tratando de atrapar, de revivir, de volver a saborear, esta vez como escritora, la emoción que sentí de niña con aquel cómic? Seguro que sí.

– En cambio, Los coleccionistas transcurre en un pequeño pueblo de Italia. El museo de colecciones vuelve a abrir sus puertas pese al avance de la guerra. Esta dicotomía entre el optimismo y los finales agridulces aparece también en Las lágrimas de Naraguyá. ¿Tus finales surgen a medida que escribes la historia o los concibes desde el principio? 

Premio Villa Pozuelo de Alarcón de Novela Juvenil 2011

Generalmente tengo una idea aproximada, como un final de camino que diviso a lo lejos. A veces puede ser más bien una sensación, quizá la certeza de que será un final feliz, o tal vez melancólico, o es posible que incierto. Y a medida que avanzo esto se va concretando, va tomando una forma definida que casi siempre coincide con esa primera intuición. Hay quien recomienda tener muy claro el final desde el principio, y me parece que en parte tienen razón. Yo no soy de las que diseñan claramente la trama. Voy explorando y descubriendo a medida que escribo, lo que, personalmente, me permite vivir el proceso con más emoción. Aún así, creo que el final debería ser parte de los trazos maestros que han de guiarte desde el comienzo. Un puerto seguro hacia el que avanzar.

– Tus personajes son muy curiosos, y quien no colecciona meteoritos tiene un museo de antigüedades o parte de expedición en expedición hasta los confines del mundo. ¿Tienes alguna peculiaridad como las de tus personajes? ¿Qué encontraríamos en la colección personal de Anilatac Zelaznog Raliv?

 Me gustan los personajes que sienten pasión por algo. En realidad, me gustan las personas que tienen esa rasgo. La pasión por algo. No importa tanto el qué, aunque evidentemente sentiré más afinidad por ciertos temas, como la motivación misma, la pasión por conocer, comprender, a veces atesorar. Algo que nos encanta, de un modo a veces un poco infantil, en el mejor sentido, y de lo que seguimos aprendiendo y aprendiendo, y cuanto más sabemos más apreciamos y más placer extraemos de ahí. Se convierte en un motor más de la vida, que nos mantiene despiertos. Y que, al compartirse, nos permite a los demás asomarnos a realidades nuevas. Es la particularidad de cada uno. Es el reflejo de aquello a lo que prestamos atención. La diversidad.

Mi pasión son los libros, indudablemente, y esto es lo que encontraríamos en mi colección personal (por cierto, veo que has leído El secreto del huevo azul). Es lo único que realmente atesoro. Leer y escribir, y todo lo que gira en torno a eso. Ese es mi territorio y de lo que puedo hablar durante horas. Lo que veo en mis paseos por la ciudad, lo que regalo, lo que comparto. Hay otras muchas cosas, afortunadamente, pero los libros son mi piedra de toque.

– Además, muchos de ellos son niños y siempre podemos ver la influencia de la familia, ya sea por su ausencia o presencia. ¿Cambias de registro según el público al que te dirijas?

La vajilla de la familia impar, Edelvives 2016

En realidad el registro lo marca la propia historia. Comienzo a escribir y a medida que la novela o el cuento toma forma me queda más claro para qué tipo de público será. Esto, en cualquier caso, no suele ser algo rígido. Puedo imaginarme, de forma poco concreta, un público que escucha mientras escribo, y mi voz de narradora trata de seducirles, de llevarles a través de mi relato, más o menos juguetona, más o menos intensa, seria o desafiante. Al final son los editores quienes terminan de definir para qué público puede resultar interesante. Y los propios lectores, por supuesto, que son quienes eligen y descubren.

– No solo ellos viajan incansablemente: sabemos que visitaste las localizaciones de Las lágrimas de Naraguyá, que recientemente has pasado una temporada en Múnich, visitando la mayor biblioteca de literatura infantil y juvenil del mundo… ¿Qué te gustaría compartir con nosotros de tus experiencias literarias? 

Viajar es una fuente maravillosa de estímulos para escribir. Paisajes, culturas, museos, cualquier cosa puede convertirse en un disparadero para una historia. Ese flechazo que sientes de pronto por un detalle, un cúmulo de sensaciones que te provoca un lugar… ¿qué hacer con ello? Escribir es mi manera de apresar parte de todo eso, las resonancias que han provocado dentro de mí.

Las lágrimas de Naraguyá surgió durante un viaje a Perú y Chile, en el que hicimos una escala de cuatro o cinco días al norte de la Amazonía Peruana. No había planeado escribir nada durante aquellas vacaciones, pero de pronto allí tenía los primeros personajes sobre el papel, cobrando vida, y escribí y escribí, sintiendo que es un regalo cuando una historia se presenta así, reclamando ser escrita. Luego continuamos nuestro viaje y cuando volví a casa pasé a limpio esas hojas, y supe que continuar contando aquella historia, y que eso me permitiría seguir exprimiendo los días que pasamos en la selva. Y así fue. A veces se dice cuando escribes no vives, pero yo soy más de las que piensan que escribir te permite vivir con más intensidad.

Biblioteca Internacional de la Juventud de Munich

Por otra parte, la Biblioteca Internacional de la Juventud de Múnich es un lugar espectacular. Se creó tras la II Guerra Mundial, cuando en una Alemania devastada apenas habían libros para niños y jóvenes. Jella Lepman, que trabajaba con los americanos en la reconstrucción del país, puso en marcha una serie de iniciativas con niños destinadas a trabajar con ellos la paz y la concordia entre los pueblos. Conocerse y comprenderse a través del arte y de la literatura era, pensaba, un buen camino para que no se repitiese lo que acaba de suceder. Así, con los años, aquel proyecto se convirtió en la mayor biblioteca internacional de literatura infantil y juvenil del mundo, con libros de todos los países. Lepman escribió unas memorias, «Un puente de libros infantiles, en el que relata muy bien todo esto.

Desde hacía muchos años deseaba ir a esta biblioteca y bucear en sus fondos, descubrir nuevos escritores, ilustradores, y conocer de cerca el proyecto. Y por fin pude hacerlo este otoño. Tienen un programa de becas para investigadores, y en la biblioteca coincidías con personas de Nueva Zelanda, China, Japón, Irán, Noruega, todos locos por los libros y cada uno desarrollando su trabajo en un ámbito distinto.

Yo no soy investigadora, yo escribo, así que mi estancia fue por libre, a la búsqueda de tesoros que pudiesen estimular mi curiosidad, y abriesen mi mente. Esa idea de educar la mirada, de seguir creciendo y dialogando con otros creadores.

– Por último… ¿tienes algún proyecto juvenil en mente? ¿Continuarás alguna de tus sagas?

Sí, desde hace tiempo estoy trabajando en una novela juvenil, de fantasía. Está pensada como una trilogía y me gustaría tenerla toda escrita antes de enviarla a una editorial, así que le queda mucho trabajo aún por delante. Combino el trabajo en este proyecto con la escritura de otras historias, alguna más cortas, algunas para niños. Entre ellas está un nuevo libro protagonizado por Lila Sacher y su tío Argus, de los que ya hay dos novelas en Sm. Espero que este verano y el curso que viene sea productivo. Como veis, hay muchas historias en marcha, reclamando su tiempo y su espacio, y voy a tener que ser disciplinada para ir dándole forma a todas.

¡Muchas gracias por tu tiempo!

 

Álbumes a fuego lento

Estos meses, en distintos puntos del planeta, se van cocinando a fuego lento los álbumes que saldrán a la luz en otoño de 2018. Sintiéndome muy afortunada, miro por encima del hombro de los ilustradores que trabajan en los textos que escribí, haciéndolos propios, llenándolos de nuevas lecturas, emociones y miradas que se suman a las mías.

¿Quereis mirar conmigo?

Desde Chile, con infinita ternura y delicadeza, con humor y mil detalles que te invitan a perseguirla en el juego, Isabel Hojas, con quien ya publiqué La familia de la vajilla impar, Premio Edelvives 2016, trabaja en una clase de niños de lo más inquietos. Para la Editorial Amanuta.

Isabel Hojas, 2018 – boceto

 

En Italia (y donde quiera que vaya, pues es difícil seguirle los pasos), Anna Castagnoli explora un mundo de pasteles y escurridizos deseos, una historia de amor para paladares exquisitos. Todo auspiciado por Los Cuatro Azules.

Anna Castagnoli, 2018 – boceto

 

Y entre España y Francia, Miguel Pang, que ilustró mi querida Invasión Marciana para  a Buen Paso, trabaja de noche y de día en una historia oscura y luminosa a partes iguales, con imágenes fantásticas, trepidantes y deslumbrantes. Con la cuidada atención, desde París, de Les Fourmis Rouges.

Miguel Pang, 2018 – trabajo en proceso

 

Sí, definitivamente creo que va a ser un otoño excepcional. Pero, de momento… ¡shhh! Dejémosles trabajar.

Premio AZAGAL 2018

Este viernes 11 de mayo, en Santa Cruz de Tenerife, tendré la alegría de reunirme con alumnos de centro de Secundaria de toda la isla de Tenerife y hablar con ellos de mi última novela, Las Lágrimas de Naraguyá. Allí estarán también Rosa Huertas y Espido Freire, las otras dos finalistas del Premio Agazal, un programa de animación a la lectura organizado por el Cabildo.

Según el programa que me han enviado, cada una de las autoras dispondremos de unos 45 minutos para conversar con los alumnos sobre nuestro trabajo, y también tendremos la oportunidad de disfrutar de los books-trailers que algunos de ellos han realizado sobre los libros.  Al final de la jornada, los lectores votarán y elegirán el ganador del certamen de este año.

Estoy deseando estar allí, conocer a los chicos y chicas que han leído la novela, hablar con ellos y escuchar al resto de autoras. ¡Estoy segura de que será una mañana de lo más interesante para todos!