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¿Cómo tomó forma “Mister Black”?

      – ¿Ya lo tienes?

Miguel me ha llamado esta mañana. Ha recibido nuestro libro, Mister Black, recién llegado desde Francia. A mí aún no me ha llegado, así que me tengo que conformar, de momento, con su alegría y sus primeras impresiones. Han sido cuatro años pensando en nuestro vampiro y, por fin, el libro.

Interior La invasión marciana (A Buen Paso, 2014)

      Miguel Pang y yo nos conocimos a través de Arianna Squilloni, editora de A Buen Paso, que nos reunió para La invasión marciana, un álbum divertido y loco al que los dos tenemos muchísimo cariño. Trabajamos muy a gusto y a mí me encantó el universo tan personal de Miguel, sus ilustraciones extravagantes y llenas de fuerza, sus referencias visuales, tan alejadas de lo habitual. Un tiempo después decidimos que nos apetecía preparar un nuevo libro juntos y ver qué salía. Le envié un par de textos y eligió uno aún apenas esbozado. Era una idea que yo acariciaba desde hacía tiempo, la historia de un personaje que ama el color rosa pero debe mantenerlo en secreto.

      Esta historia tiene su origen en el pequeño conflicto que tenía yo de niña con este color. Por una parte me encantaba, como a la mayoría de las niñas, y por otra parte lo rechazaba de plano, asociándolo con una imagen de las chicas demasiado cursi y limitada. En aquellos años quería parecerme todo lo posible a mis dos hermanos, no mucho más mayores que yo, y que se pasaban el día jugando juntos. Con el tiempo llegarían mis dos hermanas pequeñas, pero en aquel momento la diversión estaba, claramente, en el cuarto de los chicos. Por lo tanto, yo me interesaba vivamente por todo lo que me acercase a ellos y despreciaba, como una pequeña snob, lo que consideraba “cosas de chicas”. Y eso incluía, en primer lugar, las cosas de color rosa.

The Pink and Blue Proyect – JeongMee Yoon´s

Cuando iba a casa de algunas de mis amigas descubría todo ese mundo de cosas apetecibles, series de dibujos de chicas, muñecas a las que maquillar, pulseras de plástico plateado con cristales de colores, pero tenía muy claro que debía despreciarlas. Yo hacía karate en vez de ballet, jugaba con los Clicks de Playmobil en vez de con Barbies, veía Sherlock Holmes en vez de Candy Candy. Bueno, sí, me perdí algunas cosas, pero ¡disfruté tantísimo de todo esto!

Sea como fuere, se quedó en mí esa sensación de anhelar algo de manera secreta, ese pequeño conflicto con tu identidad. Y como suele pasar con tantos aspectos de la vida, y tantas experiencias, esa sensación pequeña, casi anecdótica, se mostró con el tiempo como una especie de metáfora de otros conflictos personales con los que nos vamos encontrando. Un puente que te ayuda a entender, de algún modo, lo que otros pueden sentir a escalas y con intensidades muy distintas.

Así que Mister Black, un vampiro que ama el rosa en un mundo en el que esto no está bien visto, es una historia sobre nuestros secretos y nuestros anhelos. Sobre la libertad de ser y sentir. Sobre la intolerancia y la hipocresía que a veces mueven al grupo, aunque luego, uno a uno, como individuos, todos alberguemos peculiaridades, pasiones, deseos, que se salen del molde, que nos hacen pensar si quizá eso nos señalará, nos hará “distintos” a ojos de quienes queremos agradar, de quienes queremos que nos acepten.

En ese primer boceto, Mister Black se llamaba Mr. Pink, y no era un vampiro. En vez de un descapotable rosa conseguía un elefante de ese color. Todo estaba ahí y todo era distinto. Y entonces Miguel comenzó a trabajar sobre esas primeras frases, y mi historia se llenó de monstruos, y de un look funky que él compartió conmigo mostrándome este vídeo:

      ¿Quién podría resistirse?

Me encantó que el personaje fuese un vampiro. Y que el mundo Pang hubiese hecho explosión de ese modo en el interior de mi historia. Pasé un tiempo dándole vueltas, sin saber exactamente cómo madurar la historia para que funcionase. No había prisa, pensé que si le seguía dando vueltas iría encajando. Y así fue. Un día me di cuenta de que Mr. Pink debía ser, en realidad, Mr. Black. Que el elefante era un descapotable. Que un hecho fortuito, un incendio, revelaría ante sus ojos la verdad, que todos, en la intimidad, somos extravagantes, poco convencionales, más libres de lo que aparentamos… ¡o eso quiero pensar! La revolución es permitir a cada uno ser como quiere ser, como se siente, y celebrarlo. Que eso sea motivo de encuentro, de maravilla, de disfrute.

Sí, ya nada volvería a ser lo mismo.

Boceto para “Mister Black” by Miguel Pang

Con un texto más definido, Miguel comenzó a trabajar el mundo de Mister Black y de los otros personajes, en el interior de su castillo, en ese mundo rosa que esconde en él. Fue un trabajo largo. Es lo que tienen los proyectos personales. Se intercalan otros proyectos con plazos de entrega, se experimenta con técnicas o papeles o colores nuevos que llevan a dar algunos rodeos… se establece con ellos una especie de lucha entre las expectativas de lo que quieres lograr en ese momento de libertad y lo que uno es capaz de hacer. Se aprende, se avanza, se conquista, centímetro a centímetro, ese terreno que hemos avistado de lejos. Te pierdes y te encuentras. Y es por eso precisamente que este tipo de proyectos merecen tanto la pena, por lo que suponen de desafío, de esos desafíos que nos acelera el pulso y nos hace sentir que estamos haciendo precisamente lo que queremos hacer. O intentándolo.

Trabajo en proceso: “Mister Black” by Miguel Pang

En un momento dado, cuando varias de las ilustraciones ya habían tomado forma, Miguel se entrevistó con Valerié Cussaguet, de Les fourmis rouges, la editorial francesa, ubicada en Montreuil. Un proyecto editorial bien construido, con libros excelentes y algunos de autores españoles a quienes apreciamos mucho, como  Manuel Marsol con “La montagne”  o  Antonio Ladrillo con Un… monde merveilleux!” . Valeriè conectó con el álbum y para nosotros fue una gran alegría tener la oportunidad de trabajar con ella.

Boceto para “Mister Black” by Miguel Pang

¿Qué hace una editora como Valeriè con un proyecto como el nuestro? Como decía en un post anterior, pienso que el editor aporta una mirada algo más descansada y también más afilada sobre el libro, fruto de la experiencia y también de su posición de mediadora. El editor o editora no olvida nunca al lector, y con su trabajo trata de tenderle una mano. Así que desde su posición busca potenciar al máximo las cualidades de los autores, su riqueza creativa, asumiendo los riesgos que desean explorar, pero sin perder de vista que el trabajo ha de ser legible, eficaz, que debe comunicar más allá de ese diálogo interno que se ha generado entre los creadores y su obra. Ahí está el debate y el desafío. Es distinto en cada libro, y con cada libro aprendes nuevas cosas.

Trabajo en proceso – “Mister Black” por Miguel Pang

Esta no ha sido la única tarea de Valeriè. El trabajo junto al diseñador, la toma de decisiones importantes respecto a los aspectos formales del libro: formato, papel, acabados y otros mil detalles, marcan sustancialmente la diferencia y hacen del libro un objeto precioso, un tesoro en sus distintas dimensiones.

Y así, paso a paso, el libro va tomando forma hasta sus últimos detalles. Y un día recibo una llamada de Miguel, feliz, contándome que ya tiene el primer ejemplar, mientras yo aún espero ansiosamente a que lleguen los míos y Valeriè, desde Montruil, nos escribe para saber nuestras impresiones. Y en unos días comenzará la vida de Mister Black junto a los lectores, y ellos se asomarán a su historia y, con un poco de suerte, el libro que hemos creado entre todos entrará en combustión y arderá inagotablemente para ellos.

Primeros pasos para un álbum ilustrado

Muchas personas sienten curiosidad por saber cómo llegan a tomar forma los álbumes ilustrados. ¿Cómo empieza todo?, me preguntan. ¿Eliges tú el ilustrador? ¿Te piden un texto desde la editorial y lo escribes para ellos? ¿Cómo funciona?

Siempre les digo que hay diversos caminos, y que cada uno de mis libros parece haber hecho su propio recorrido. En ocasiones a un editor le gusta un texto mío y decide publicarlo, buscando para ello alguien que lo ilustre. Es el caso de Prímula Prim, un álbum sobre una pastelera que decide no comer más dulces y la sorprendente receta que inventa su esposo para ayudarla. Lara Valverde y Raquel López, editoras de Los Cuatro Azules, apostaron por esta historia y, a partir de ahí, comenzaron a buscar el ilustrador o ilustradora adecuado. Valoramos distintas posibilidades, y tuvieron la cortesía de dejarme participar en ese proceso. Finalmente tuvimos la suerte de poder contar con Anna Castagnioli, una magnífica ilustradora que aportó su delicada visión a la historia.

“Prímula Prim” by Anna Castagnoli

La medida en la que yo participo del proceso posterior depende mucho de la forma de trabajar del editor y del ilustrador. A veces hay un diálogo intenso y otras veces nos mantenemos cada uno en nuestra parcela. En ocasiones, el propio texto va acompañado de un guión sobre las imágenes que lo acompañan, ya que completan su sentido y no pueden leerse las unas sin las otras, pero esto suele dejar en cualquier caso un amplio margen a la creatividad del ilustrador.

A mí, siempre que al ilustrador le apetezca, me encanta acompañar y participar en el desarrollo del libro. Como en cualquier trabajo en equipo, pienso que hay que saber disfrutarlo, acordar entre todos cómo nos sentimos cómodos, mostrar mucho respeto y también cariño por la labor de los otros y tratar de aportar sin imponerte ni estorbar. Si se consigue es algo estupendo, que disfruto mucho, y de ahí que en ocasiones los libros surjan también como un proyecto personal, sin la mediación inicial de un editor.

Ilustración de Isabel Hojas para La familia de la vajilla impar, Edelvives 2016

En estos casos, el ilustrador y yo trabajamos juntos preparando un proyecto y lo presentamos a un premio o lo enviamos a alguna editorial con la que nos gustaría publicar. Generalmente enviamos una propuesta, es decir, el texto terminado, varias ilustraciones acabadas y el resto del álbum abocetado y explicado, para que puedan hacerse una idea. Esto permite mostrar claramente nuestra idea, pero dejar abierta la posibilidad de trabajar posteriormente con el editor o editora para terminar de rematar el libro.

Así lo hicimos, Isabel Hojas  yo para nuestro primer álbum juntas,  “La familia de la vajilla impar”, que ganó el Premio Internacional Álbum Ilustrado Edelvives en 2016 y con el que posteriormente realizamos un intenso trabajo editorial con el equipo de Edelvives. También ahora, con nuestro nuevo proyecto, Un secreto secretísimo, pero esta vez enviándolo directamente a una editorial Amanuta, de Santiago de Chile, con el que Isabel ya había trabajado y que lo publicarán próximamente.

Ilustración de Isabel Hojas para “Un secreto secretísimo”, ed. Amanuta 2018

El editor aporta una mirada algo más descansada y también más afilada sobre la obra. Mientras que los autores, escritor e ilustrador, estamos ya totalmente inmersos en nuestra historia, él o ella se acerca al libro desde fuera, con los ojos de un lector que llega de nuevas, por así decirlo, y se adentra en el relato. Esto es importantísimo, porque a lo largo del proceso se han ido haciendo ajustes, cambios, versiones, y no es infrecuente que nosotros demos por sentadas cosas que ya no resultan tan evidentes. Nos parece clarísimo este o aquel detalle, clave para entender quizá no la trama principal pero sí otras subtramas o ciertos matices, pero puede ser que para el lector nada de eso sea visible. El editor mira de una manera menos saturada la historia, el libro en su conjunto, y su trabajo es decir las cosas claramente, como las ve, para ir un poco más allá y asegurar la comunicación entre la obra y los lectores.

No siempre conocemos a los editores con los que publicamos. “Mister Black”, el nuevo álbum en el que hemos estado trabajando el ilustrador Miguel Pang y yo, acaba de ser publicado por la editorial francesa Les fourmis rouges, con quien no habíamos trabajado ninguno de los dos con anterioridad. Esto no solo es una oportunidad de dar a conocer nuestro trabajo en Francia, sino de trabajar y aprender de una editora, Valeriè Cussaguet,  que está llevando adelante un catálogo personal muy interesante en un país que ya de por sí ofrece un alto nivel en sus propuestas.

Portada “Mister Black”, con Miguel Pang para Les fourmis rouges, 2018

El editor, además de trabajar con el ilustrador y el escritor, suele contar con un diseñador con el que va dando respuesta a multitud de cuestiones fundamentales para el libro. ¿Qué formato tendrá? ¿Dónde ubicar el texto, qué tipografía utilizar, qué tamaño? ¿Qué lugar ocupará la ilustración? ¿Irá a sangre, enmarcada, a doble página…? ¿Y la portada? La portada es fundamental para el libro como objeto, para terminar de definir su personalidad, y también en su vida pública, en su relación con el lector. Por ello suele ser motivo de un intenso debate entre ilustrador, editor y diseñador.

¿Quién tiene la última palabra en las cuestiones que van surgiendo? No lo sé. Depende de la situación y de las circunstancias. Yo intento ser flexible con mis textos, pero también tener claro qué es lo esencial que debo proteger. Y en el diálogo creo que todos seguimos formando la mirada.

Llegado este punto al libro aún le queda un largo recorrido, y es necesario realizar una buena impresión y encuadernación, una distribución eficaz, las tareas de promoción para que los lectores potenciales lleguen hasta él, la venta en las librerías, la difusión en las bibliotecas… Muchos profesionales trabajando para que esa historia llegue a manos de los lectores y cobre vida por fin.

 

Álbumes a fuego lento

Estos meses, en distintos puntos del planeta, se van cocinando a fuego lento los álbumes que saldrán a la luz en otoño de 2018. Sintiéndome muy afortunada, miro por encima del hombro de los ilustradores que trabajan en los textos que escribí, haciéndolos propios, llenándolos de nuevas lecturas, emociones y miradas que se suman a las mías.

¿Quereis mirar conmigo?

Desde Chile, con infinita ternura y delicadeza, con humor y mil detalles que te invitan a perseguirla en el juego, Isabel Hojas, con quien ya publiqué La familia de la vajilla impar, Premio Edelvives 2016, trabaja en una clase de niños de lo más inquietos. Para la Editorial Amanuta.

Isabel Hojas, 2018 – boceto

 

En Italia (y donde quiera que vaya, pues es difícil seguirle los pasos), Anna Castagnoli explora un mundo de pasteles y escurridizos deseos, una historia de amor para paladares exquisitos. Todo auspiciado por Los Cuatro Azules.

Anna Castagnoli, 2018 – boceto

 

Y entre España y Francia, Miguel Pang, que ilustró mi querida Invasión Marciana para  a Buen Paso, trabaja de noche y de día en una historia oscura y luminosa a partes iguales, con imágenes fantásticas, trepidantes y deslumbrantes. Con la cuidada atención, desde París, de Les Fourmis Rouges.

Miguel Pang, 2018 – trabajo en proceso

 

Sí, definitivamente creo que va a ser un otoño excepcional. Pero, de momento… ¡shhh! Dejémosles trabajar.