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Premio Azagal 2018

Este viernes 11 de mayo, en Santa Cruz de Tenerife, tendré la alegría de reunirme con alumnos de centro de Secundaria de toda la isla de Tenerife y hablar con ellos de mi última novela, Las Lágrimas de Naraguyá. Allí estarán también Rosa Huertas y Espido Freire, las otras dos finalistas del Premio Agazal, un programa de animación a la lectura organizado por el Cabildo.

Según el programa que me han enviado, cada una de las autoras dispondremos de unos 45 minutos para conversar con los alumnos sobre nuestro trabajo, y también tendremos la oportunidad de disfrutar de los books-trailers que algunos de ellos han realizado sobre los libros.  Al final de la jornada, los lectores votarán y elegirán el ganador del certamen de este año.

Estoy deseando estar allí, conocer a los chicos y chicas que han leído la novela, hablar con ellos y escuchar al resto de autoras. ¡Estoy segura de que será una mañana de lo más interesante para todos!

Niñas valientes en la Literatura Infantil

El pasado día 3 de octubre di una pequeña charla sobre personajes femeninos en la Literatura Infantil y la necesidad de encontrar y crear heroínas capaces de ampliar ese mundo de posibilidades y opciones que las jóvenes lectoras van descubriendo a través de la lectura.

En el marco del curso «Mujeres valientes. Encuentros ciencia y cultura» organizado por la Universidad de Salamanca y la Junta de Castilla y León, hicimos un repaso a los deseos de independencia de Jo March en Mujercitas, la imaginación desbordante de Anne Shirley en Ana de Tejas verdes, la fuerza de Wonder Woman en el Universo Marvel de los años 40, la rebeldía de Pipi Calzaslargas, el valor ante las adversidades del mundo real de muchas de las novelas de María Gripe o Christine Nöstlinger, la mirada crítica de Mafalda, la lucidez de Matilda, la esencia como personaje, sin que importe en realidad su género, de Momo, la inteligencia de Hermione Grange en Harry Potter ola curiosidad científica de Calpurnia Tate. Afortunadamente son muchos los ejemplos de personajes femeninos con carácter, que a su vez sientan las bases, como ocurre siempre en la literatura, de nuevos personajes que agrandan en el imaginario colectivo.

Sin embargo, esto no impide que las librerías y las lectoras sigan sufriendo- a veces parece que con creciente intensidad-, ese sarampión rosa que tiñe algunas estanterías. Princesas preocupadas tan solo por vestidos y coronas, aturdidas por tanta purpurina, íntimamente convencidas que su principal objetivo en la vida, aquello por lo que serán valoradas y tendrán éxito al final de su aventura, ha de ser resultar atractivas y para las que la conquista del amor es la máxima expresión de felicidad y de desarrollo personal. Una tendencia que encuentra continuidad, no hay duda, en muchas novelas juveniles y para el público en general.

No es una lucha menor. Por un lado el deseo de ampliar el mundo, de tratar de igual a igual a lectores y lectoras, de retarles si es necesario. Y por el otro el deseo de mantener «a salvo» a las jóvenes lectoras, envolviéndolas en algodones y vendiéndoles insistentemente un mundo blando e indoloro en el que son el centro y , a la vez,  poco más que un elemento decorativo. Un deseo que se ve reforzado por los intereses económicos, ya que gran parte de las series para chicas y libros específicos que vemos en las librerías y centros comerciales son fruto de una estrategia de marketing que persigue, a través de la segmentación del mercado, ampliar las ventas y atacar con toda la artillería (léase rosa y purpurina) tanto a las jóvenes lectoras como a aquellos adultos que, despistados, buscan algo para ellas.

Todo esto no es algo nuevo, pero es algo sobre lo que hay que seguir reflexionando y actuando. Cada uno en su ámbito, como padres, como libreros, lectores, autores, editores. Porque si bien soñar con princesas no es nada malo, el empobrecimiento que supone ceñirse repetidamente a esas lecturas sí limita el horizonte en un momento en el que la personalidad y los intereses de las lectoras y lectores está en pleno crecimiento.

En la imagen, una doble página del estupendo álbum «Olivia y las princesas», de Ian Falconer, publicado en castellano por Fondo de Cultura Económica. Una cerdita con mucha personalidad que se pregunta, a su manera, por todos estos temas.

Presentación en Oletum de los marcianos

Aquí con Miguel Pang, genial ilustrador y magnífica persona, en la presentación que hicimos de La invasión marciana en la librería Oletum, Valladolid, durante las semanas de Ilustratour 2014.

Miguel dedicó los libros haciendo uso de sus pinceles y sus sellos de naves espaciales, ¡dedicatorias que son una obra de arte!

Gracias a todos los que acudisteis para conocer más sobre la primera y única Invasión Marciana.

¿Cómo llegaron los marcianos?

Estaba en la calle Wellington el día que llegaron los marcianos. Hasta aquella semana de agosto no supe que en Barcelona existía una calle que llevase ese nombre. No solo tenía nombre de calle de cuento inglés, de un Peter Pan por ejemplo, sino que parecía salida, al menos un fragmento de ella, de un álbum de Anthony Brown, con un largo muro de piedra a un lado, tras el que se veían copas de árboles, y una ancha franja de césped verde sobre la que corrían los raíles del silencioso tranvía. Era, pues, una calle muy especial, y yo me alojaba temporalmente en uno de sus edificios, en un pequeño apartamento desde cuyo balcón, alto como un nido, podía contemplarse un horizonte de edificios y, a nuestros pies, el parque de la Ciutadella. Y lo que es más importante para nuestra historia, un balcón hasta el que llegaban, flotando, trepando, volando, los sonidos del zoo que este parque alberga.

Fueron la mezcla de todos estos factores, y en especial las misteriosas voces que ascendían a primera y última hora del día, sonidos de pájaros, elefantes, monos, lo que me llevaron una mañana a sentarme en el parque y comenzar a escribir lo que en aquel primer impulso pensé que sería una historia sobre un zoo. Y de algún modo lo fue, pero las primeras palabras que escribí fueron: “Aquel agosto el cielo se llenó de soles. Pero no eran soles, era la Invasión Marciana. La Primera Invasión Marciana, cuando aún no estábamos seguros de si ellos existían. Eso fue hace mucho, yo tenía entonces ocho años y miraba desde el balcón de mi casa como el cielo se llenaba de luces brillantes, gigantescas, como si realmente en vez de un sol hubiese docenas de ellos, y todo se volvía blanco, pálido, bajo aquella luz tan intensa.”

Y la historia siguió y siguió, fluyendo como una desearía que fluyesen todas las historias, llevándome por derroteros imprevisibles pero conteniendo dentro de sí, misteriosamente, todo aquello que la había nutrido.

tentetiesos-marcianos-Miguel-PangLuego la historia terminó en manos de mi marciana favorita, Arianna Squilloni, editora de A buen paso, mujer enamorada de los libros, con una mirada valiente y personal que logra contagiar a su trabajo, consiguiendo que su catálogo sea un compendio de seres exóticos, todos distintos, todos misteriosos. Ella fue quien puso los marcianos en manos de Miguel Pang, sabiendo ver toda la fuerza y la riqueza de su universo visual, que queda reflejado en unas ilustraciones muy personales, alejadas de tendencias y concesiones, llenas de detalles de ternura, de colores explorados, perseguidos, encontrados. De movimiento y de guiños a su propia cotidianidad, lo que da una densidad especial al cuento.

Tampoco puedo olvidar al hombre en la sombra, Miquel Puig, el diseñador que trabaja mano a mano con Arianna, y que con ella logró darle al libro esos detalles, ese acabado cuidado y medido que distingue los libros de la editorial. Aún no he tenido oportunidad de conocerlo, pero le veo en las páginas de La invasión marciana tanto como al resto del equipo.

Ha sido un placer trabajar con ellos durante el tiempo en el que el libro fue tomando forma. Surgieron nuevos proyectos y, sobre todo, aquí, al otro lado de ese proceso, no solo hay un libro muy especial, sino nuevas amistades y vínculos.

El pasado miércoles, el 26 de febrero, Arianna, Arnal Ballester, ilustrador y mentor de ilustradores, Miguel Pang y yo, presentamos esta historia en la extraordinaria librería infantil Abracadabra, en Barcelona. Hubieron gominolas azules en honor a los marcianos y, además de un montón de amigos, nos acompañaron Genaro y Gerardo, dos amables geranios muy interesados en el mundo de la literatura infantil.

gominolas-marcianas

Fue una tarde estupenda. Ricardo, corazón pensante de la librería, tiene tal selección de libros que una se sentía en el paraíso (¡pero sin tiempo para disfrutarlo como se merecía!). Ilustradores, amigos y lectores nos acompañaron cálida y generosamente. Miguel Pang personalizó los libros con sellos de naves espaciales, y pintó para la ocasión dos preciosos tentetiesos de madera, con un tintineante interior, que transformó así en dos auténticos marcianos para que también ellos estuviesen representados. Brindamos por la Invasión y el círculo barcelonés terminó de cerrarse, a no tanta distancia del parque de la Ciutadella y la calle Wellington, donde los animales también desean, estoy segura, que lleguen los marcianos.

 

Encuentros en Alicante y Murcia

Hace unas semanas tuve la suerte de poder conocer en Alicante y Murcia aun buen montón de lectores de El secreto del huevo azul.

Los encuentros, organizados por la editorial SM, tuvieron lugar en sus colegios y en distintas bibliotecas. A veces éramos veinte o treinta y otras veces más de cien. En algunas clases habían preparado carteles de bienvenida, grandes huevos de papel maché o murales con información sobre el libro. En otras representaron para mí escenas de la novela o recitamos todos juntos el sortilegio de Noisuli, me regalaron dibujos, redacciones y poemas, hablamos de los libros que nos gustaban y traté de contarles cómo es el trabajo de una escritora.

Regresé a casa feliz, cargada de recuerdos y con muchísimas ganas de seguir escribiendo. Desde aquí quería dar las gracias a las maestras y los maestros por su entusiasmo, a las bibliotecarias, que se preocuparon de que todo fuese fácil y agradable, a las personas de la editorial que me acompañaron y, sobre todo, a esos magníficos lectores que pusieron toda su imaginación al servicio de nuestra historia.

Para todos ellos, muchos, muchos !SOSEB¡

Versión en braille de El secreto del huevo azul

El pasado miércoles, poco antes de Navidad, tuve la alegría de compartir una tarde con un grupo de niños que realizaban unas jornadas en el centro de recurso de la ONCE, en Alicante. Allí habían transcrito El secreto del huevo azul a braille, de tal modo que quien lo solicite pueda obtener una copia, y varios de los alumnos de las jornadas estaban leyéndolo.

Mari Pepa, profesora de discapacitados visuales durante más de cuarenta años, nos enseñó a mi hermana Teresa y a mí las instalaciones de lo que hasta hace poco ha sido un gran colegio de esta organización, respondiendo a todas nuestras preguntas sobre los métodos y materiales didácticos que se utilizan para enseñar a niños y niñas con problemas de visión a desenvolverse con soltura en el mundo.

El-secreto-del-huevo-azul-en-braille

Gracias  a Cristina, la directora del centro, antigua alumna de Mari Pepa, y a todo su equipo, por la cálida acogida que nos brindaron, y a los niños y niñas que participaron del encuentro por su alegría, su entusiasmo y su curiosidad.

En la fotografía el ejemplar en braille de la novela que me regalaron, encuadernada para la ocasión con todo mimo.

En la Feria del Libro de Madrid

Este año estuve firmando ejemplares de El secreto del huevo azul en la caseta de SM, en la Feria del Libro de Madrid. Compartí mesa con Jesús Díaz, que ganó el Premio Gran Angular con su estupenda novela El festín de la muerte.

Los amigos, incondicionales, se pasaron por allí. ¡Gracias, Victoria, Vani, Antolín, Marga y  Sol!