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12 + 1 preguntas. Entrevista

Hace unos días Ana Zugasti me propuso que respondiese 12 +1 preguntas acerca de mi trabajo pasando a formar parte así de una serie de entrevistas que está realizando a escritores e ilustradores en su blog RZ 100. Un material en el que estoy deseando sumergirme.

Responder al cuestionario fue un placer, porque siempre es interesante, cuando las preguntas están bien planteadas, detenerse a reflexionar sobre el propio trabajo. He elegido una de las 12+1, aunque  como casi todas las demás la respuesta está en movimiento, cambiando, creciendo, redefiniéndose.

¿Cómo es el estilo que desearía tener? 

Algo a lo que aspiro es a la claridad. Cargo con todo mi bagaje de cosas que quiero contar, de juegos y giros y recursos que quiero explorar, de emociones, matices, intuiciones que quisiera ser capaz de atrapar, y el lugar al que quiero llegar es a esa claridad. Así que se trata de cuánto puedo hacer en esa historia, en ese relato, en esa novela, siempre y cuando no pierda la claridad.

No siempre lo consigo, no tan limpiamente como quisiera. Es una lucha personal en la que, en parte, estás luchando contra tu propia vanidad como escritora. La vanidad por eso que lograste y a lo que no quieres renunciar aunque haga que la claridad se vea menguada. El orgullo por eso que crees que eres capaz de conseguir, esa dificultad que quieres superar, por esa riqueza del mundo que has imaginado, de la trama que has tejido, y que no quieres sacrificar. Además, a menudo le damos más o menos valor a lo que hemos escrito en función del esfuerzo que hemos invertido en ello, y es un criterio muy engañoso. Había leído sobre esta idea, pero he tardado mucho tiempo en entenderlo. Y es que el hecho de que más trabajo no signifique siempre mejor resultado resulta un poco desconcertante, la verdad, ¡y frustrante! Pero cuando lo vas viendo claro comprendes que es por eso que hay que dejar pasar un tiempo antes de corregir y tomar decisiones, porque con el tiempo el esfuerzo que dedicaste a este u otro pasaje importa menos, se te ha olvidado, y es más fácil sacar la tijera y cortar, ponerte tú al servicio de la historia en vez de poner la historia a tu servicio.

Para leer el resto de la entrevista puedes entrar aquí: 12+1 preguntas a Catalina González Vilar

Niñas valientes en la Literatura Infantil

El pasado día 3 de octubre di una pequeña charla sobre personajes femeninos en la Literatura Infantil y la necesidad de encontrar y crear heroínas capaces de ampliar ese mundo de posibilidades y opciones que las jóvenes lectoras van descubriendo a través de la lectura.

En el marco del curso «Mujeres valientes. Encuentros ciencia y cultura» organizado por la Universidad de Salamanca y la Junta de Castilla y León, hicimos un repaso a los deseos de independencia de Jo March en Mujercitas, la imaginación desbordante de Anne Shirley en Ana de Tejas verdes, la fuerza de Wonder Woman en el Universo Marvel de los años 40, la rebeldía de Pipi Calzaslargas, el valor ante las adversidades del mundo real de muchas de las novelas de María Gripe o Christine Nöstlinger, la mirada crítica de Mafalda, la lucidez de Matilda, la esencia como personaje, sin que importe en realidad su género, de Momo, la inteligencia de Hermione Grange en Harry Potter ola curiosidad científica de Calpurnia Tate. Afortunadamente son muchos los ejemplos de personajes femeninos con carácter, que a su vez sientan las bases, como ocurre siempre en la literatura, de nuevos personajes que agrandan en el imaginario colectivo.

Sin embargo, esto no impide que las librerías y las lectoras sigan sufriendo- a veces parece que con creciente intensidad-, ese sarampión rosa que tiñe algunas estanterías. Princesas preocupadas tan solo por vestidos y coronas, aturdidas por tanta purpurina, íntimamente convencidas que su principal objetivo en la vida, aquello por lo que serán valoradas y tendrán éxito al final de su aventura, ha de ser resultar atractivas y para las que la conquista del amor es la máxima expresión de felicidad y de desarrollo personal. Una tendencia que encuentra continuidad, no hay duda, en muchas novelas juveniles y para el público en general.

No es una lucha menor. Por un lado el deseo de ampliar el mundo, de tratar de igual a igual a lectores y lectoras, de retarles si es necesario. Y por el otro el deseo de mantener «a salvo» a las jóvenes lectoras, envolviéndolas en algodones y vendiéndoles insistentemente un mundo blando e indoloro en el que son el centro y , a la vez,  poco más que un elemento decorativo. Un deseo que se ve reforzado por los intereses económicos, ya que gran parte de las series para chicas y libros específicos que vemos en las librerías y centros comerciales son fruto de una estrategia de marketing que persigue, a través de la segmentación del mercado, ampliar las ventas y atacar con toda la artillería (léase rosa y purpurina) tanto a las jóvenes lectoras como a aquellos adultos que, despistados, buscan algo para ellas.

Todo esto no es algo nuevo, pero es algo sobre lo que hay que seguir reflexionando y actuando. Cada uno en su ámbito, como padres, como libreros, lectores, autores, editores. Porque si bien soñar con princesas no es nada malo, el empobrecimiento que supone ceñirse repetidamente a esas lecturas sí limita el horizonte en un momento en el que la personalidad y los intereses de las lectoras y lectores está en pleno crecimiento.

En la imagen, una doble página del estupendo álbum «Olivia y las princesas», de Ian Falconer, publicado en castellano por Fondo de Cultura Económica. Una cerdita con mucha personalidad que se pregunta, a su manera, por todos estos temas.