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Nuestro cocodrilo viaja a Bolonia

Cada año la Feria de Libros para Niños de Bolonia, la más importante en este ámbito, reserva un espacio para exponer una selección de trabajos de ilustradores de todo el mundo.

Es una alegría que este año hayan seleccionado de nuevo el trabajo de Iratxe López de Munáin, en concreto  las ilustraciones que ha realizado para nuestro proyecto en marcha, «El cocodrilo que buscaba el Nilo».

Felicidades también a Violeta Lopiz, Manuel Marsol y los demás ilustradores seleccionados. Es una suerte para los autores ¡y los lectores! contar con personas con tanto talento.

Planeta Biblioteca. Entrevista

La semana pasada tuve el placer de participar en el programa Planeta Biblioteca que se retransmite desde los estudios de radio de la Universidad de Salamanca. Ángel Poveda y Sonia Martín, dos bibliotecarios inquietos, me invitaron a pasar ese rato con ellos y fue todo un placer.

Hablamos de literatura infantil, de las rutinas que nos ayudan a trabajar, de música y libros. Una charla entre amigos que duró unos veinte minutos y puedes escuchar en este podcast.

Aquí incluyo algunas reflexiones en torno a los temas que tratamos. No es una transcripción  literal, sino unos apuntes sobre  un par de asuntos de los que hablamos.

Planetabiblioteca¿Por qué la literatura infantil? 

Lo de escribir para niños no fue algo realmente planificado. Creo que mi forma de inventar, las historias que me gusta contar y cómo las cuento, tienen ese tono y esa fantasía que a los lectores más jóvenes también les gusta.

Cada uno tenemos facilidad o talento para ciertas cosas. Hay personas a las que escribir para niños les resulta muy difícil, no se sienten cómodos, sienten una especie de barrera, de impostura. Para mí, en cambio, es un espacio de absoluta naturalidad, de diversión y juego. Me siento cómoda en esas historias que a ellos también les gustan.

Mientras escribo no pienso de una forma demasiado concreta en los lectores, y a la vez, de algún modo, siempre están ahí. Escribes con el deseo de llevarles de la mano, de crear ese sueño vívido del que hablan muchos autores. Esa emoción, la de seducirles, también suma.

En realidad, hay muchos motivos por los que escribir literatura infantil. Yo destacaría dos, que hay una inmensa libertad y que tienes los mejores lectores.

Curiosamente se suelen resaltar la cara negativa de estos dos puntos. La gente piensa en literatura infantil y tiene la idea de que hay restricciones por todas partes, de lenguaje, de temas, de extensión, de lo políticamente correcto… y que tienes que tener en cuenta las limitaciones de unos lectores, por así decirlo, incompletos.

Sin embargo puedes hablar de cualquier cosa en la literatura infantil y jugar hasta el infinito con el lenguaje, inventar mundos enteros, crear inmensas metáforas, esconder sorpresas y juegos, también hablar de la realidad más inmediata. Los grandes temas de la literatura adulta siguen estando aquí: el amor, el miedo, la esperanza, el cambio, la lucha, la pérdida, la muerte, la búsqueda de uno mismo, la búsqueda de los otros, el valor, el hogar, la familia, la amistad… Es cómo hablas de todo eso lo que marca la diferencia. Y no se trata de mentir ni de endulzar, sino de mostrar esa verdad con respeto y con cuidado, dando herramientas auténticas para hacer frente a la vida.

Y en cuanto a las limitaciones en destrezas lectoras, ¡tampoco estoy de acuerdo! ¿Qué lector adulto lee y relee cien veces su obra favorita? ¿Quién vive con la entrega y la intensidad de los lectores de 8- 9-10 años? Los que lo hacen como adultos son lectores excepcionales, ese lector soñado. En cambio es mucho más común en los lectores más jóvenes, que se entregan totalmente a la lectura.

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¿Cómo podemos evitar que los lectores adolescentes “se nos escapen”? ¿Cómo hacer la transición hacia una lectura juvenil y adulta?

Es algo que me preguntan muy a menudo amigos que ya tienen hijos en esas edades. A medida que crecen los adolescentes empiezan a tener muchas actividades que reclaman su tiempo libre, no solo son los videojuegos y esas cosas. Estar con los amigos, por ejemplo, y cualquier cosa relacionada con ellos, como escribir whatsapps o subir fotos a Instagram, tiene muchísima importancia. Frente a esto la lectura es una actividad solitaria y para colmo empiezan a tener que leer libros obligatoriamente y hacer trabajos sobre ellos.

Creo que algo que ayuda a que no pierdan el hilo de la lectura puede ser:

  •  Tomárselo con naturalidad y no imponerles la lectura
  • Tener costumbre de ir a la biblioteca: cuanto antes comiencen a ir antes conocerán las opciones que tienen y en ese momento en el que empiezan a buscar otras cosa pero no saben qué, encontrarán a su alcance, sin tener que comprometerse seriamente con un libro, una gran diversidad de opciones.
  • Que en casa la familia lea, los padres, los hermanos mayores, los primos, hablen de libros y los intercambien. El deseo de crecer, de formar parte del mundo adulto, es un gran estímulo para acercarse a esos libros. Hay muchísimas obras que tanto un lector adulto como un adolescente pueden disfrutar e intercambiar. Los libros de fantasía o de ciencia ficción puede ser un puente común. Oír hablar de libros es como oír hablar de ciudades lejanas llenas de cosas extraordinarias, antes o después compras un billete para ir a verlas por ti mismo. 

Gracias a Ángel y a Sonia por acogerme en su programa y hacerme sentir como en casa. ¡Espero tener oportunidad de volver a visitarles pronto!

Archivo de audio de la entrevista.

12 + 1 preguntas. Entrevista

Hace unos días Ana Zugasti me propuso que respondiese 12 +1 preguntas acerca de mi trabajo pasando a formar parte así de una serie de entrevistas que está realizando a escritores e ilustradores en su blog RZ 100. Un material en el que estoy deseando sumergirme.

Responder al cuestionario fue un placer, porque siempre es interesante, cuando las preguntas están bien planteadas, detenerse a reflexionar sobre el propio trabajo. He elegido una de las 12+1, aunque  como casi todas las demás la respuesta está en movimiento, cambiando, creciendo, redefiniéndose.

¿Cómo es el estilo que desearía tener? 

Algo a lo que aspiro es a la claridad. Cargo con todo mi bagaje de cosas que quiero contar, de juegos y giros y recursos que quiero explorar, de emociones, matices, intuiciones que quisiera ser capaz de atrapar, y el lugar al que quiero llegar es a esa claridad. Así que se trata de cuánto puedo hacer en esa historia, en ese relato, en esa novela, siempre y cuando no pierda la claridad.

No siempre lo consigo, no tan limpiamente como quisiera. Es una lucha personal en la que, en parte, estás luchando contra tu propia vanidad como escritora. La vanidad por eso que lograste y a lo que no quieres renunciar aunque haga que la claridad se vea menguada. El orgullo por eso que crees que eres capaz de conseguir, esa dificultad que quieres superar, por esa riqueza del mundo que has imaginado, de la trama que has tejido, y que no quieres sacrificar. Además, a menudo le damos más o menos valor a lo que hemos escrito en función del esfuerzo que hemos invertido en ello, y es un criterio muy engañoso. Había leído sobre esta idea, pero he tardado mucho tiempo en entenderlo. Y es que el hecho de que más trabajo no signifique siempre mejor resultado resulta un poco desconcertante, la verdad, ¡y frustrante! Pero cuando lo vas viendo claro comprendes que es por eso que hay que dejar pasar un tiempo antes de corregir y tomar decisiones, porque con el tiempo el esfuerzo que dedicaste a este u otro pasaje importa menos, se te ha olvidado, y es más fácil sacar la tijera y cortar, ponerte tú al servicio de la historia en vez de poner la historia a tu servicio.

Para leer el resto de la entrevista puedes entrar aquí: 12+1 preguntas a Catalina González Vilar

Niñas valientes en la Literatura Infantil

El pasado día 3 de octubre di una pequeña charla sobre personajes femeninos en la Literatura Infantil y la necesidad de encontrar y crear heroínas capaces de ampliar ese mundo de posibilidades y opciones que las jóvenes lectoras van descubriendo a través de la lectura.

En el marco del curso «Mujeres valientes. Encuentros ciencia y cultura» organizado por la Universidad de Salamanca y la Junta de Castilla y León, hicimos un repaso a los deseos de independencia de Jo March en Mujercitas, la imaginación desbordante de Anne Shirley en Ana de Tejas verdes, la fuerza de Wonder Woman en el Universo Marvel de los años 40, la rebeldía de Pipi Calzaslargas, el valor ante las adversidades del mundo real de muchas de las novelas de María Gripe o Christine Nöstlinger, la mirada crítica de Mafalda, la lucidez de Matilda, la esencia como personaje, sin que importe en realidad su género, de Momo, la inteligencia de Hermione Grange en Harry Potter ola curiosidad científica de Calpurnia Tate. Afortunadamente son muchos los ejemplos de personajes femeninos con carácter, que a su vez sientan las bases, como ocurre siempre en la literatura, de nuevos personajes que agrandan en el imaginario colectivo.

Sin embargo, esto no impide que las librerías y las lectoras sigan sufriendo- a veces parece que con creciente intensidad-, ese sarampión rosa que tiñe algunas estanterías. Princesas preocupadas tan solo por vestidos y coronas, aturdidas por tanta purpurina, íntimamente convencidas que su principal objetivo en la vida, aquello por lo que serán valoradas y tendrán éxito al final de su aventura, ha de ser resultar atractivas y para las que la conquista del amor es la máxima expresión de felicidad y de desarrollo personal. Una tendencia que encuentra continuidad, no hay duda, en muchas novelas juveniles y para el público en general.

No es una lucha menor. Por un lado el deseo de ampliar el mundo, de tratar de igual a igual a lectores y lectoras, de retarles si es necesario. Y por el otro el deseo de mantener «a salvo» a las jóvenes lectoras, envolviéndolas en algodones y vendiéndoles insistentemente un mundo blando e indoloro en el que son el centro y , a la vez,  poco más que un elemento decorativo. Un deseo que se ve reforzado por los intereses económicos, ya que gran parte de las series para chicas y libros específicos que vemos en las librerías y centros comerciales son fruto de una estrategia de marketing que persigue, a través de la segmentación del mercado, ampliar las ventas y atacar con toda la artillería (léase rosa y purpurina) tanto a las jóvenes lectoras como a aquellos adultos que, despistados, buscan algo para ellas.

Todo esto no es algo nuevo, pero es algo sobre lo que hay que seguir reflexionando y actuando. Cada uno en su ámbito, como padres, como libreros, lectores, autores, editores. Porque si bien soñar con princesas no es nada malo, el empobrecimiento que supone ceñirse repetidamente a esas lecturas sí limita el horizonte en un momento en el que la personalidad y los intereses de las lectoras y lectores está en pleno crecimiento.

En la imagen, una doble página del estupendo álbum «Olivia y las princesas», de Ian Falconer, publicado en castellano por Fondo de Cultura Económica. Una cerdita con mucha personalidad que se pregunta, a su manera, por todos estos temas.