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¿Cómo tomó forma “Mister Black”?

      – ¿Ya lo tienes?

Miguel me ha llamado esta mañana. Ha recibido nuestro libro, Mister Black, recién llegado desde Francia. A mí aún no me ha llegado, así que me tengo que conformar, de momento, con su alegría y sus primeras impresiones. Han sido cuatro años pensando en nuestro vampiro y, por fin, el libro.

Interior La invasión marciana (A Buen Paso, 2014)

      Miguel Pang y yo nos conocimos a través de Arianna Squilloni, editora de A Buen Paso, que nos reunió para La invasión marciana, un álbum divertido y loco al que los dos tenemos muchísimo cariño. Trabajamos muy a gusto y a mí me encantó el universo tan personal de Miguel, sus ilustraciones extravagantes y llenas de fuerza, sus referencias visuales, tan alejadas de lo habitual. Un tiempo después decidimos que nos apetecía preparar un nuevo libro juntos y ver qué salía. Le envié un par de textos y eligió uno aún apenas esbozado. Era una idea que yo acariciaba desde hacía tiempo, la historia de un personaje que ama el color rosa pero debe mantenerlo en secreto.

      Esta historia tiene su origen en el pequeño conflicto que tenía yo de niña con este color. Por una parte me encantaba, como a la mayoría de las niñas, y por otra parte lo rechazaba de plano, asociándolo con una imagen de las chicas demasiado cursi y limitada. En aquellos años quería parecerme todo lo posible a mis dos hermanos, no mucho más mayores que yo, y que se pasaban el día jugando juntos. Con el tiempo llegarían mis dos hermanas pequeñas, pero en aquel momento la diversión estaba, claramente, en el cuarto de los chicos. Por lo tanto, yo me interesaba vivamente por todo lo que me acercase a ellos y despreciaba, como una pequeña snob, lo que consideraba “cosas de chicas”. Y eso incluía, en primer lugar, las cosas de color rosa.

The Pink and Blue Proyect – JeongMee Yoon´s

Cuando iba a casa de algunas de mis amigas descubría todo ese mundo de cosas apetecibles, series de dibujos de chicas, muñecas a las que maquillar, pulseras de plástico plateado con cristales de colores, pero tenía muy claro que debía despreciarlas. Yo hacía karate en vez de ballet, jugaba con los Clicks de Playmobil en vez de con Barbies, veía Sherlock Holmes en vez de Candy Candy. Bueno, sí, me perdí algunas cosas, pero ¡disfruté tantísimo de todo esto!

Sea como fuere, se quedó en mí esa sensación de anhelar algo de manera secreta, ese pequeño conflicto con tu identidad. Y como suele pasar con tantos aspectos de la vida, y tantas experiencias, esa sensación pequeña, casi anecdótica, se mostró con el tiempo como una especie de metáfora de otros conflictos personales con los que nos vamos encontrando. Un puente que te ayuda a entender, de algún modo, lo que otros pueden sentir a escalas y con intensidades muy distintas.

Así que Mister Black, un vampiro que ama el rosa en un mundo en el que esto no está bien visto, es una historia sobre nuestros secretos y nuestros anhelos. Sobre la libertad de ser y sentir. Sobre la intolerancia y la hipocresía que a veces mueven al grupo, aunque luego, uno a uno, como individuos, todos alberguemos peculiaridades, pasiones, deseos, que se salen del molde, que nos hacen pensar si quizá eso nos señalará, nos hará “distintos” a ojos de quienes queremos agradar, de quienes queremos que nos acepten.

En ese primer boceto, Mister Black se llamaba Mr. Pink, y no era un vampiro. En vez de un descapotable rosa conseguía un elefante de ese color. Todo estaba ahí y todo era distinto. Y entonces Miguel comenzó a trabajar sobre esas primeras frases, y mi historia se llenó de monstruos, y de un look funky que él compartió conmigo mostrándome este vídeo:

      ¿Quién podría resistirse?

Me encantó que el personaje fuese un vampiro. Y que el mundo Pang hubiese hecho explosión de ese modo en el interior de mi historia. Pasé un tiempo dándole vueltas, sin saber exactamente cómo madurar la historia para que funcionase. No había prisa, pensé que si le seguía dando vueltas iría encajando. Y así fue. Un día me di cuenta de que Mr. Pink debía ser, en realidad, Mr. Black. Que el elefante era un descapotable. Que un hecho fortuito, un incendio, revelaría ante sus ojos la verdad, que todos, en la intimidad, somos extravagantes, poco convencionales, más libres de lo que aparentamos… ¡o eso quiero pensar! La revolución es permitir a cada uno ser como quiere ser, como se siente, y celebrarlo. Que eso sea motivo de encuentro, de maravilla, de disfrute.

Sí, ya nada volvería a ser lo mismo.

Boceto para “Mister Black” by Miguel Pang

Con un texto más definido, Miguel comenzó a trabajar el mundo de Mister Black y de los otros personajes, en el interior de su castillo, en ese mundo rosa que esconde en él. Fue un trabajo largo. Es lo que tienen los proyectos personales. Se intercalan otros proyectos con plazos de entrega, se experimenta con técnicas o papeles o colores nuevos que llevan a dar algunos rodeos… se establece con ellos una especie de lucha entre las expectativas de lo que quieres lograr en ese momento de libertad y lo que uno es capaz de hacer. Se aprende, se avanza, se conquista, centímetro a centímetro, ese terreno que hemos avistado de lejos. Te pierdes y te encuentras. Y es por eso precisamente que este tipo de proyectos merecen tanto la pena, por lo que suponen de desafío, de esos desafíos que nos acelera el pulso y nos hace sentir que estamos haciendo precisamente lo que queremos hacer. O intentándolo.

Trabajo en proceso: “Mister Black” by Miguel Pang

En un momento dado, cuando varias de las ilustraciones ya habían tomado forma, Miguel se entrevistó con Valerié Cussaguet, de Les fourmis rouges, la editorial francesa, ubicada en Montreuil. Un proyecto editorial bien construido, con libros excelentes y algunos de autores españoles a quienes apreciamos mucho, como  Manuel Marsol con “La montagne”  o  Antonio Ladrillo con Un… monde merveilleux!” . Valeriè conectó con el álbum y para nosotros fue una gran alegría tener la oportunidad de trabajar con ella.

Boceto para “Mister Black” by Miguel Pang

¿Qué hace una editora como Valeriè con un proyecto como el nuestro? Como decía en un post anterior, pienso que el editor aporta una mirada algo más descansada y también más afilada sobre el libro, fruto de la experiencia y también de su posición de mediadora. El editor o editora no olvida nunca al lector, y con su trabajo trata de tenderle una mano. Así que desde su posición busca potenciar al máximo las cualidades de los autores, su riqueza creativa, asumiendo los riesgos que desean explorar, pero sin perder de vista que el trabajo ha de ser legible, eficaz, que debe comunicar más allá de ese diálogo interno que se ha generado entre los creadores y su obra. Ahí está el debate y el desafío. Es distinto en cada libro, y con cada libro aprendes nuevas cosas.

Trabajo en proceso – “Mister Black” por Miguel Pang

Esta no ha sido la única tarea de Valeriè. El trabajo junto al diseñador, la toma de decisiones importantes respecto a los aspectos formales del libro: formato, papel, acabados y otros mil detalles, marcan sustancialmente la diferencia y hacen del libro un objeto precioso, un tesoro en sus distintas dimensiones.

Y así, paso a paso, el libro va tomando forma hasta sus últimos detalles. Y un día recibo una llamada de Miguel, feliz, contándome que ya tiene el primer ejemplar, mientras yo aún espero ansiosamente a que lleguen los míos y Valeriè, desde Montruil, nos escribe para saber nuestras impresiones. Y en unos días comenzará la vida de Mister Black junto a los lectores, y ellos se asomarán a su historia y, con un poco de suerte, el libro que hemos creado entre todos entrará en combustión y arderá inagotablemente para ellos.

Primeros pasos para un álbum ilustrado

Muchas personas sienten curiosidad por saber cómo llegan a tomar forma los álbumes ilustrados. ¿Cómo empieza todo?, me preguntan. ¿Eliges tú el ilustrador? ¿Te piden un texto desde la editorial y lo escribes para ellos? ¿Cómo funciona?

Siempre les digo que hay diversos caminos, y que cada uno de mis libros parece haber hecho su propio recorrido. En ocasiones a un editor le gusta un texto mío y decide publicarlo, buscando para ello alguien que lo ilustre. Es el caso de Prímula Prim, un álbum sobre una pastelera que decide no comer más dulces y la sorprendente receta que inventa su esposo para ayudarla. Lara Valverde y Raquel López, editoras de Los Cuatro Azules, apostaron por esta historia y, a partir de ahí, comenzaron a buscar el ilustrador o ilustradora adecuado. Valoramos distintas posibilidades, y tuvieron la cortesía de dejarme participar en ese proceso. Finalmente tuvimos la suerte de poder contar con Anna Castagnioli, una magnífica ilustradora que aportó su delicada visión a la historia.

“Prímula Prim” by Anna Castagnoli

La medida en la que yo participo del proceso posterior depende mucho de la forma de trabajar del editor y del ilustrador. A veces hay un diálogo intenso y otras veces nos mantenemos cada uno en nuestra parcela. En ocasiones, el propio texto va acompañado de un guión sobre las imágenes que lo acompañan, ya que completan su sentido y no pueden leerse las unas sin las otras, pero esto suele dejar en cualquier caso un amplio margen a la creatividad del ilustrador.

A mí, siempre que al ilustrador le apetezca, me encanta acompañar y participar en el desarrollo del libro. Como en cualquier trabajo en equipo, pienso que hay que saber disfrutarlo, acordar entre todos cómo nos sentimos cómodos, mostrar mucho respeto y también cariño por la labor de los otros y tratar de aportar sin imponerte ni estorbar. Si se consigue es algo estupendo, que disfruto mucho, y de ahí que en ocasiones los libros surjan también como un proyecto personal, sin la mediación inicial de un editor.

Ilustración de Isabel Hojas para La familia de la vajilla impar, Edelvives 2016

En estos casos, el ilustrador y yo trabajamos juntos preparando un proyecto y lo presentamos a un premio o lo enviamos a alguna editorial con la que nos gustaría publicar. Generalmente enviamos una propuesta, es decir, el texto terminado, varias ilustraciones acabadas y el resto del álbum abocetado y explicado, para que puedan hacerse una idea. Esto permite mostrar claramente nuestra idea, pero dejar abierta la posibilidad de trabajar posteriormente con el editor o editora para terminar de rematar el libro.

Así lo hicimos, Isabel Hojas  yo para nuestro primer álbum juntas,  “La familia de la vajilla impar”, que ganó el Premio Internacional Álbum Ilustrado Edelvives en 2016 y con el que posteriormente realizamos un intenso trabajo editorial con el equipo de Edelvives. También ahora, con nuestro nuevo proyecto, Un secreto secretísimo, pero esta vez enviándolo directamente a una editorial Amanuta, de Santiago de Chile, con el que Isabel ya había trabajado y que lo publicarán próximamente.

Ilustración de Isabel Hojas para “Un secreto secretísimo”, ed. Amanuta 2018

El editor aporta una mirada algo más descansada y también más afilada sobre la obra. Mientras que los autores, escritor e ilustrador, estamos ya totalmente inmersos en nuestra historia, él o ella se acerca al libro desde fuera, con los ojos de un lector que llega de nuevas, por así decirlo, y se adentra en el relato. Esto es importantísimo, porque a lo largo del proceso se han ido haciendo ajustes, cambios, versiones, y no es infrecuente que nosotros demos por sentadas cosas que ya no resultan tan evidentes. Nos parece clarísimo este o aquel detalle, clave para entender quizá no la trama principal pero sí otras subtramas o ciertos matices, pero puede ser que para el lector nada de eso sea visible. El editor mira de una manera menos saturada la historia, el libro en su conjunto, y su trabajo es decir las cosas claramente, como las ve, para ir un poco más allá y asegurar la comunicación entre la obra y los lectores.

No siempre conocemos a los editores con los que publicamos. “Mister Black”, el nuevo álbum en el que hemos estado trabajando el ilustrador Miguel Pang y yo, acaba de ser publicado por la editorial francesa Les fourmis rouges, con quien no habíamos trabajado ninguno de los dos con anterioridad. Esto no solo es una oportunidad de dar a conocer nuestro trabajo en Francia, sino de trabajar y aprender de una editora, Valeriè Cussaguet,  que está llevando adelante un catálogo personal muy interesante en un país que ya de por sí ofrece un alto nivel en sus propuestas.

Portada “Mister Black”, con Miguel Pang para Les fourmis rouges, 2018

El editor, además de trabajar con el ilustrador y el escritor, suele contar con un diseñador con el que va dando respuesta a multitud de cuestiones fundamentales para el libro. ¿Qué formato tendrá? ¿Dónde ubicar el texto, qué tipografía utilizar, qué tamaño? ¿Qué lugar ocupará la ilustración? ¿Irá a sangre, enmarcada, a doble página…? ¿Y la portada? La portada es fundamental para el libro como objeto, para terminar de definir su personalidad, y también en su vida pública, en su relación con el lector. Por ello suele ser motivo de un intenso debate entre ilustrador, editor y diseñador.

¿Quién tiene la última palabra en las cuestiones que van surgiendo? No lo sé. Depende de la situación y de las circunstancias. Yo intento ser flexible con mis textos, pero también tener claro qué es lo esencial que debo proteger. Y en el diálogo creo que todos seguimos formando la mirada.

Llegado este punto al libro aún le queda un largo recorrido, y es necesario realizar una buena impresión y encuadernación, una distribución eficaz, las tareas de promoción para que los lectores potenciales lleguen hasta él, la venta en las librerías, la difusión en las bibliotecas… Muchos profesionales trabajando para que esa historia llegue a manos de los lectores y cobre vida por fin.

 

¿Por qué escribes para niños?

A menudo me preguntan por qué escribo para niños. Hay quien asegura, al preguntármelo, que sería incapaz de algo semejante. Lo dicen como si se tratase de escribir en un idioma olvidado. Otros, más bien, parecen no entender semejante extravagancia, aunque les tranquiliza su apariencia tan insignificante. Algunos quieren creer que yo misma vivo en un cuento, como si fuese un personaje corriendo tras un conejo que llega tarde a su cita, y otros, los menos, me miran con pena, dudan, titubean, y desean preguntarme si de esto se vive hoy en día. “Difícilmente”, les diría, si preguntasen, pero casi nunca preguntan.

Lo cierto es que me hace feliz escribir para niños y jóvenes. Y que por diversos motivos, algunos de los cuales intentaré dilucidar ahora, acuden a mí una gran cantidad de historias que sé de inmediato que serán disfrutadas mayoritariamente por los lectores más jóvenes. Es cierto, sin embargo, que siempre confío en que produzcan placer también a aquellos intrépidos y sabios adultos que derrochan alegremente su tiempo en este tipo de lecturas. (Todo un despilfarro teniendo en cuenta que no podrán ser comentadas más que en restringidos círculos, quizá tan restringidos como la habitación de sus hijos. Aunque, por otra parte, ¡qué conversación extraordinaria para concluir el día!)

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by Anastasia Elías

Escribir para niños mantiene atenta mi mirada sobre las cosas aparentemente inútiles. A veces es en detrimento, es cierto, de las útiles, pero a cambio me proporciona una fuente de alegrías a la que difícilmente querría renunciar. Este trabajo, a duras penas considerado como trabajo por la inmensa mayoría, me permite indagar en la misma tarde en la desmesura de los príncipes mongoles durante el Raj británico y preguntarme, a continuación, con gran interés, por los sistemas de riego y canalizaciones de la Grecia antigua.

Otro aspecto placentero es que en este trabajo es imprescindible perder el tiempo. A veces se me olvida y los resultados son funestos. Y es que perder el tiempo, como todo el mundo sabe, no es sencillo. Al menos si pretendes hacerlo despreocupadamente y sin ningún sentimiento de culpa, una emoción francamente molesta que suele impedir que las ideas que tienes en tu mente se organicen por fin y sepas cómo termina esa historia. Encontrar el equilibrio justo entre la conquistada rutina, necesaria para dar forma y fundamento a todas las historias que acuden, y salir de ella el tiempo necesario para no convertirte en una bruja con siete gatos, es un esfuerzo titánico lleno de sonados fracasos.

Por otra parte, no sé si en ningún otro trabajo jugaría a mi favor esta memoria mía. Es sabido que tengo por cabeza un colador por el que pasan muchas lecturas, sí, visitas a museos, sí, artículos de todo tipo, también, pero de los que apena quedan datos concretos, solo una amalgama primigenia que tiene como única cualidad el poder convertirse cualquier día en materia de un cuento.

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by Anastasia Elías

Me gusta escribir para niños. Hay quien dice que el vocabulario en estas obras es por definición limitado. Me quedo estupefacta. ¡Todo lo contrario! El vocabulario puede ser, si lo deseas, exuberante, explosivo, extraordinariamente preciso o escandalosamente extravagante.  ¿En qué otra disciplina podría utilizar palabras como pirata, brigadier, jirafa, gabinete, rubíes, equinoccio, en cuestión de unas pocas páginas? ¿Quién me permitiría inventarme otras nuevas, “caracolius cristalinus”, y hacerlas tan reales como plátano, zapato, patata?

Por otra parte, me gusta tomarme con cierto humor el juego literario en el que el lector y yo andamos metidos, y los más jóvenes siempre están dispuestos. También me gusta construir con cuidado un lugar donde estar, con sus personajes, sus paisajes y sus peligros, y ofrecérselo a quien me siga. Asegurarle que podrá volver allí siempre que lo necesite, que será un buen lugar donde ocultarse, que será bienvenido. Los lectores adultos desconfían de los refugios, los lectores más jóvenes intuyen que es imprescindible contar con alguno.

Me gusta, también, del escribir para niños, el poder decir alguna verdad sin grandes aspavientos, con la sencillez de quien no tiene que aparentar haber descubierto nada nuevo.

Y por último, me gusta porque aún tengo mucho que aprender. Porque todo está aún por ser hecho. Porque hay que saber hacerlo muy bien. Porque a ellos, precisamente a ellos, que podrían aceptar por válido algo menos bueno, hay que darles lo mejor. Y porque el día menos pensado, hoy, se muestran como críticos exigentes, implacables y sinceros.

 

Este texto apareció en la revista Leo y Lía, dedicada a la literatura infantil y juvenil y publicada por LIBRERíAS L, un grupo de librerías independientes de distintas ciudades de España, unidas por el convencimiento de que trabajando juntas pueden seguir conservando su sello personal y a la vez llegar más lejos. 

 

 

Preparándonos para el premio Edelvives

Ya han llegado las invitaciones para la fiesta de entrega de los Premios Edelvives de este año. Dentro de poco Isabel Hojas subirá al avión y nos encontraremos a este lado del charco para celebrar ese momento con los demás premiados: Mónica Rodríguez en la categoría de narrativa juvenil y Daniel Hernández Chambers en narrativa infantil.

Será el próximo jueves, día 9 de junio, en el Nuevo Teatro Alcalá de Madrid, en compañía de familia, amigos, colegas y el equipo de edición de Edelvives, con el que Isabel y yo llevamos ya un tiempo trabajando para que el próximo otoño nuestro álbum, “La familia de la vajilla impar”, esté cuidado hasta el último detalle.

Van a ser unos días bonitos, seguro. En próximas entregas, la crónica del evento 😉

Roald Dahl cumple 100 años

Para celebrar el centenario de nacimiento de Roald Dahl, uno de los más queridos escritores de literatura infantil y juvenil del siglo XX, la revista Barbar nos ha lanzado un  par de preguntas sobre su obra a varios autores e ilustradores.

Siempre es estupendo hablar de los libros que te gustan, pero si son los de Dahl lo es aún mejor. Estas son mis respuestas:

¿Recuerdas cuál fue el primer libro de Roald Dahl que leíste?

Las-brujas--Roald-Dahl-1070x642Si no me equivoco, fue Las brujas. Lo saqué de la biblioteca y aún recuerdo esa mezcla de diversión y asombro ante lo que leía. Como diciéndome “Esto no es lo que suelo leer”, “Esto da un poco de miedo…”, “¿No se está pasando un poco aquí el escritor?”. Eso me encanta de Roald Dahl, como cuando comienza James y el Melocotón Gigante contándote que sus padres han muerto ¡devorados! por un rinoceronte. Esa mezcla suya de humor, de algo terrible y a la vez emocionante, de personajes que son más niños que héroes y a la vez se enfrentan a grandes dilemas de una manera valiente, descarada, intrépida.

Curiosamente, el libro que se veía mucho en aquellos años era Charlie y la fábrica de chocolate. ¡Estaba en todas partes! O esa era mi sensación. Pero yo le tenía manía a la portada. No me gustaba y me resistí a leerlo por más que se cruzase en mi camino. Ahora la he buscado en internet la imagen de la edición de aquellos años de Alfaguara, y no es tan terrible. Sin embargo, sospecho que si en su portada hubiese encontrado un dibujo de Quentin Blake lo hubiese leído entonces y no tantos años después.

Si tuvieras que recomendar solo uno de sus libros, ¿cuál sería? ¿Por qué este en concreto?

Es realmente difícil elegir. Matilda, Las brujas, James y el Melocotón Gigante, Cuentos en verso para niños perversos y Charlie y la fábrica de chocolate son probablemente mis favoritos.

Pero si tengo que recomendar solo uno… me quedaría con Matilda. Su amor por los libros, su independencia en un entorno hostil y su capacidad, a la vez, de reconocer y aproximarse a lo que le es afín, la convierten en un personaje de esos con los que te encariñas para siempre.

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Además, creo que Matilda es uno de los libros más redondos de Dahl. Aunque soy una gran admiradora de toda su obra, pienso que algunos de sus títulos tienen una primera parte fabulosa, que te encandila y te seduce, y que después, de algún modo, ni siquiera él es capaz de estar a la altura. Todas las maravillas de la fábrica de chocolate no son comparables a la mezcla de emociones que provocan las primeras páginas de ese libro, con el joven Charlie deseando desesperadamente encontrar la tableta premiada, la familia acurrucada en la pequeña casa junto a la gran fábrica, el peso de la tableta de chocolate en sus manos…

Sea como sea, Roald Dahl es uno de esos escritores de los que recomendar sin dudarlo todos sus libros. Una apuesta segura. Puede que unas historias te gusten más y otras algo menos, pero disfrutarás con todas y de cada una te quedarás con algo, una imagen, un personaje o una buena carcajada.

Si queréis conocer cuáles son las recomendaciones de autores como Diego Arboleda, Pedro Mañas, o ilustradores como Patricia Metola, podéis encontrarlos aquí.

¡Ganamos el Premio Álbum Ilustrado Edelvives 2016!

El álbum Una vajilla impar,  ilustrado por Isabel Hojas y escrito por mí, ha ganado el Premio Internacional Álbum Ilustrado de Edelvives 2016. Un alegría que nos encanta compartir con nuestros lectores a ambos lados del charco.

Isabel Hojas, ilustradora

Isabel Hojas, ilustradora

¿Y cómo surgió este proyecto? Veamos… Isabel Hojas  y yo nos conocimos hace poco más de cuatro años, en la Feria del Libro de Guadalajara, México. En uno de los hoteles cercanos al Feria nos juntamos por casualidad un pequeño grupo de ilustradores, agentes y autores de ambos lados de océano y durante unos días disfrutamos de fantásticos desayunos y divertidas cenas en tan buena compañía.

Así nos hicimos amigas Isabel, chilena, y yo, española. Y así conocí su trabajo, variado y sugerente en cada libro, pero aún más, lleno de emoción y calidez, como ella misma. Y a partir de ahí, ha ido creciendo nuestra amistad transoceánica y este proyecto en común.

La historia del álbum es muy sencilla, se trata del recuento que hace un padre de familia de las piezas de vajilla que tienen en casa. Una vajilla que dista mucho de estar completa, y que irá rompiéndose, extraviándose o siendo reutilizada para otros fines.

Este inventario, continuamente corregido, nos permite recorrer distintas escenas de la vida doméstica de los protagonistas y también avanzaren el tiempo, pues los hijos crecen, algún ser querido desaparece, el padre envejece. Como ocurre con la propia vajilla, también la vida está llena de cambios, pérdidas y hallazgos. Al final, las imágenes nos cuentan que lo que importa es cómo se disfruta de esos platos, esas tazas y esas cucharillas, o dicho de otro modo, cómo entrelazamos nuestras vidas a las de nuestra familia y a las de las persona que queremos.

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Ilustración interior de “Una vajilla impar”, por Isabel Hojas

Por si esto fuese poco, Isabel ha puesto en este álbum mucho de sí misma. Por eso, mientras iba esbozando la vida de la familia protagonista, con sus momentos felices y sus momentos tristes, pero con mucho amor, hemos podido compartir esas sensaciones y esa forma de entender la vida.

Para mí este proyecto ha sido algo que ha servido para armar nuestra amistad, para cuidarla y hacerla crecer. Intercambiar emails con Isabel, cada una con nuestra estación del año, cada una con nuestro horario, cada una con sus pequeñas historias vitales como trasfondo del trabajo en común, sigue siendo una alegría. Ahora toca celebrar este Premio de Ilustración de Edelvives y seguir trabajando. ¡Qué gran suerte!

¡Leoteca!

Leoteca es una comunidad dirigida a los jóvenes lectores en la que pueden compartir sus lecturas preferidas, comentar los libros, encontrar nuevas sugerencias y,  especialmente en el contexto escolar, participar en actividades de animación lectora.

Hace tiempo que había visto aquí y allá menciones a esta plataforma, incluso había entrado y curioseado un poco. Vi que era bonita, y que tenía un uso sencillo. Pero con tantas cosas a las que atender ¡redes sociales, blogs, correos! no llegué a investigar a fondo. Ahora que lo he hecho estoy enganchada. Aunque esté pensada para los niños, así como para sus padres y sus profesores, es genial para cualquiera que esté interesado en el mundo de la literatura infantil y juvenil. Confeccionar la biblioteca de libros leídos, seleccionar los favoritos, marcar todos los que quieres leer, es un verdadero placer. Y aún más echar un vistazo a las bibliotecas de otros lectores para descubrir nuevos libros o redescubrir otros que olvidaste y que bien merecen ser leídos de nuevo.

Me hace feliz tener conmigo los libros que me gustan. En papel, en las estanterías, bien elegidos. Me acompañan día a día, aunque haga mucho que los leí por última vez, y siguen haciéndome pensar y sentir aunque estén cerrados. Algo que me gusta mucho de Leoteca es que esta biblioteca virtual, con sus bonitas portadas una junto a la otra, me ofrece también esa sensación de mano tendida, de libros que he leído y a los que podré volver ahora que los tengo más presentes, que podré compartir y explorar de nuevo.

Así que, ¡uniros a la Leoteca! Formad vuestras bibliotecas, hacer recomendaciones a amigos, a vuestros hijos, sobrinos, alumnos. No es una invitación desinteresada. ¡Estoy deseando curiosear en vuestras estanterías!

Nuestro cocodrilo viaja a Bolonia

Cada año la Feria de Libros para Niños de Bolonia, la más importante en este ámbito, reserva un espacio para exponer una selección de trabajos de ilustradores de todo el mundo.

Es una alegría que este año hayan seleccionado de nuevo el trabajo de Iratxe López de Munáin, en concreto  las ilustraciones que ha realizado para nuestro proyecto en marcha, “El cocodrilo que buscaba el Nilo”.

Felicidades también a Violeta Lopiz, Manuel Marsol y los demás ilustradores seleccionados. Es una suerte para los autores ¡y los lectores! contar con personas con tanto talento.

Planeta Biblioteca. Entrevista

La semana pasada tuve el placer de participar en el programa Planeta Biblioteca que se retransmite desde los estudios de radio de la Universidad de Salamanca. Ángel Poveda y Sonia Martín, dos bibliotecarios inquietos, me invitaron a pasar ese rato con ellos y fue todo un placer.

Hablamos de literatura infantil, de las rutinas que nos ayudan a trabajar, de música y libros. Una charla entre amigos que duró unos veinte minutos y puedes escuchar en este podcast.

Aquí incluyo algunas reflexiones en torno a los temas que tratamos. No es una transcripción  literal, sino unos apuntes sobre  un par de asuntos de los que hablamos.

Planetabiblioteca¿Por qué la literatura infantil? 

Lo de escribir para niños no fue algo realmente planificado. Creo que mi forma de inventar, las historias que me gusta contar y cómo las cuento, tienen ese tono y esa fantasía que a los lectores más jóvenes también les gusta.

Cada uno tenemos facilidad o talento para ciertas cosas. Hay personas a las que escribir para niños les resulta muy difícil, no se sienten cómodos, sienten una especie de barrera, de impostura. Para mí, en cambio, es un espacio de absoluta naturalidad, de diversión y juego. Me siento cómoda en esas historias que a ellos también les gustan.

Mientras escribo no pienso de una forma demasiado concreta en los lectores, y a la vez, de algún modo, siempre están ahí. Escribes con el deseo de llevarles de la mano, de crear ese sueño vívido del que hablan muchos autores. Esa emoción, la de seducirles, también suma.

En realidad, hay muchos motivos por los que escribir literatura infantil. Yo destacaría dos, que hay una inmensa libertad y que tienes los mejores lectores.

Curiosamente se suelen resaltar la cara negativa de estos dos puntos. La gente piensa en literatura infantil y tiene la idea de que hay restricciones por todas partes, de lenguaje, de temas, de extensión, de lo políticamente correcto… y que tienes que tener en cuenta las limitaciones de unos lectores, por así decirlo, incompletos.

Sin embargo puedes hablar de cualquier cosa en la literatura infantil y jugar hasta el infinito con el lenguaje, inventar mundos enteros, crear inmensas metáforas, esconder sorpresas y juegos, también hablar de la realidad más inmediata. Los grandes temas de la literatura adulta siguen estando aquí: el amor, el miedo, la esperanza, el cambio, la lucha, la pérdida, la muerte, la búsqueda de uno mismo, la búsqueda de los otros, el valor, el hogar, la familia, la amistad… Es cómo hablas de todo eso lo que marca la diferencia. Y no se trata de mentir ni de endulzar, sino de mostrar esa verdad con respeto y con cuidado, dando herramientas auténticas para hacer frente a la vida.

Y en cuanto a las limitaciones en destrezas lectoras, ¡tampoco estoy de acuerdo! ¿Qué lector adulto lee y relee cien veces su obra favorita? ¿Quién vive con la entrega y la intensidad de los lectores de 8- 9-10 años? Los que lo hacen como adultos son lectores excepcionales, ese lector soñado. En cambio es mucho más común en los lectores más jóvenes, que se entregan totalmente a la lectura.

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¿Cómo podemos evitar que los lectores adolescentes “se nos escapen”? ¿Cómo hacer la transición hacia una lectura juvenil y adulta?

Es algo que me preguntan muy a menudo amigos que ya tienen hijos en esas edades. A medida que crecen los adolescentes empiezan a tener muchas actividades que reclaman su tiempo libre, no solo son los videojuegos y esas cosas. Estar con los amigos, por ejemplo, y cualquier cosa relacionada con ellos, como escribir whatsapps o subir fotos a Instagram, tiene muchísima importancia. Frente a esto la lectura es una actividad solitaria y para colmo empiezan a tener que leer libros obligatoriamente y hacer trabajos sobre ellos.

Creo que algo que ayuda a que no pierdan el hilo de la lectura puede ser:

  •  Tomárselo con naturalidad y no imponerles la lectura
  • Tener costumbre de ir a la biblioteca: cuanto antes comiencen a ir antes conocerán las opciones que tienen y en ese momento en el que empiezan a buscar otras cosa pero no saben qué, encontrarán a su alcance, sin tener que comprometerse seriamente con un libro, una gran diversidad de opciones.
  • Que en casa la familia lea, los padres, los hermanos mayores, los primos, hablen de libros y los intercambien. El deseo de crecer, de formar parte del mundo adulto, es un gran estímulo para acercarse a esos libros. Hay muchísimas obras que tanto un lector adulto como un adolescente pueden disfrutar e intercambiar. Los libros de fantasía o de ciencia ficción puede ser un puente común. Oír hablar de libros es como oír hablar de ciudades lejanas llenas de cosas extraordinarias, antes o después compras un billete para ir a verlas por ti mismo. 

Gracias a Ángel y a Sonia por acogerme en su programa y hacerme sentir como en casa. ¡Espero tener oportunidad de volver a visitarles pronto!

Archivo de audio de la entrevista.

12 + 1 preguntas. Entrevista

Hace unos días Ana Zugasti me propuso que respondiese 12 +1 preguntas acerca de mi trabajo pasando a formar parte así de una serie de entrevistas que está realizando a escritores e ilustradores en su blog RZ 100. Un material en el que estoy deseando sumergirme.

Responder al cuestionario fue un placer, porque siempre es interesante, cuando las preguntas están bien planteadas, detenerse a reflexionar sobre el propio trabajo. He elegido una de las 12+1, aunque  como casi todas las demás la respuesta está en movimiento, cambiando, creciendo, redefiniéndose.

¿Cómo es el estilo que desearía tener? 

Algo a lo que aspiro es a la claridad. Cargo con todo mi bagaje de cosas que quiero contar, de juegos y giros y recursos que quiero explorar, de emociones, matices, intuiciones que quisiera ser capaz de atrapar, y el lugar al que quiero llegar es a esa claridad. Así que se trata de cuánto puedo hacer en esa historia, en ese relato, en esa novela, siempre y cuando no pierda la claridad.

No siempre lo consigo, no tan limpiamente como quisiera. Es una lucha personal en la que, en parte, estás luchando contra tu propia vanidad como escritora. La vanidad por eso que lograste y a lo que no quieres renunciar aunque haga que la claridad se vea menguada. El orgullo por eso que crees que eres capaz de conseguir, esa dificultad que quieres superar, por esa riqueza del mundo que has imaginado, de la trama que has tejido, y que no quieres sacrificar. Además, a menudo le damos más o menos valor a lo que hemos escrito en función del esfuerzo que hemos invertido en ello, y es un criterio muy engañoso. Había leído sobre esta idea, pero he tardado mucho tiempo en entenderlo. Y es que el hecho de que más trabajo no signifique siempre mejor resultado resulta un poco desconcertante, la verdad, ¡y frustrante! Pero cuando lo vas viendo claro comprendes que es por eso que hay que dejar pasar un tiempo antes de corregir y tomar decisiones, porque con el tiempo el esfuerzo que dedicaste a este u otro pasaje importa menos, se te ha olvidado, y es más fácil sacar la tijera y cortar, ponerte tú al servicio de la historia en vez de poner la historia a tu servicio.

Para leer el resto de la entrevista puedes entrar aquí: 12+1 preguntas a Catalina González Vilar