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¿Por qué escribes para niños?

A menudo me preguntan por qué escribo para niños. Hay quien asegura, al preguntármelo, que sería incapaz de algo semejante. Lo dicen como si se tratase de escribir en un idioma olvidado. Otros, más bien, parecen no entender semejante extravagancia, aunque les tranquiliza su apariencia tan insignificante. Algunos quieren creer que yo misma vivo en un cuento, como si fuese un personaje corriendo tras un conejo que llega tarde a su cita, y otros, los menos, me miran con pena, dudan, titubean, y desean preguntarme si de esto se vive hoy en día. “Difícilmente”, les diría, si preguntasen, pero casi nunca preguntan.

Lo cierto es que me hace feliz escribir para niños y jóvenes. Y que por diversos motivos, algunos de los cuales intentaré dilucidar ahora, acuden a mí una gran cantidad de historias que sé de inmediato que serán disfrutadas mayoritariamente por los lectores más jóvenes. Es cierto, sin embargo, que siempre confío en que produzcan placer también a aquellos intrépidos y sabios adultos que derrochan alegremente su tiempo en este tipo de lecturas. (Todo un despilfarro teniendo en cuenta que no podrán ser comentadas más que en restringidos círculos, quizá tan restringidos como la habitación de sus hijos. Aunque, por otra parte, ¡qué conversación extraordinaria para concluir el día!)

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by Anastasia Elías

Escribir para niños mantiene atenta mi mirada sobre las cosas aparentemente inútiles. A veces es en detrimento, es cierto, de las útiles, pero a cambio me proporciona una fuente de alegrías a la que difícilmente querría renunciar. Este trabajo, a duras penas considerado como trabajo por la inmensa mayoría, me permite indagar en la misma tarde en la desmesura de los príncipes mongoles durante el Raj británico y preguntarme, a continuación, con gran interés, por los sistemas de riego y canalizaciones de la Grecia antigua.

Otro aspecto placentero es que en este trabajo es imprescindible perder el tiempo. A veces se me olvida y los resultados son funestos. Y es que perder el tiempo, como todo el mundo sabe, no es sencillo. Al menos si pretendes hacerlo despreocupadamente y sin ningún sentimiento de culpa, una emoción francamente molesta que suele impedir que las ideas que tienes en tu mente se organicen por fin y sepas cómo termina esa historia. Encontrar el equilibrio justo entre la conquistada rutina, necesaria para dar forma y fundamento a todas las historias que acuden, y salir de ella el tiempo necesario para no convertirte en una bruja con siete gatos, es un esfuerzo titánico lleno de sonados fracasos.

Por otra parte, no sé si en ningún otro trabajo jugaría a mi favor esta memoria mía. Es sabido que tengo por cabeza un colador por el que pasan muchas lecturas, sí, visitas a museos, sí, artículos de todo tipo, también, pero de los que apena quedan datos concretos, solo una amalgama primigenia que tiene como única cualidad el poder convertirse cualquier día en materia de un cuento.

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by Anastasia Elías

Me gusta escribir para niños. Hay quien dice que el vocabulario en estas obras es por definición limitado. Me quedo estupefacta. ¡Todo lo contrario! El vocabulario puede ser, si lo deseas, exuberante, explosivo, extraordinariamente preciso o escandalosamente extravagante.  ¿En qué otra disciplina podría utilizar palabras como pirata, brigadier, jirafa, gabinete, rubíes, equinoccio, en cuestión de unas pocas páginas? ¿Quién me permitiría inventarme otras nuevas, “caracolius cristalinus”, y hacerlas tan reales como plátano, zapato, patata?

Por otra parte, me gusta tomarme con cierto humor el juego literario en el que el lector y yo andamos metidos, y los más jóvenes siempre están dispuestos. También me gusta construir con cuidado un lugar donde estar, con sus personajes, sus paisajes y sus peligros, y ofrecérselo a quien me siga. Asegurarle que podrá volver allí siempre que lo necesite, que será un buen lugar donde ocultarse, que será bienvenido. Los lectores adultos desconfían de los refugios, los lectores más jóvenes intuyen que es imprescindible contar con alguno.

Me gusta, también, del escribir para niños, el poder decir alguna verdad sin grandes aspavientos, con la sencillez de quien no tiene que aparentar haber descubierto nada nuevo.

Y por último, me gusta porque aún tengo mucho que aprender. Porque todo está aún por ser hecho. Porque hay que saber hacerlo muy bien. Porque a ellos, precisamente a ellos, que podrían aceptar por válido algo menos bueno, hay que darles lo mejor. Y porque el día menos pensado, hoy, se muestran como críticos exigentes, implacables y sinceros.

 

Este texto apareció en la revista Leo y Lía, dedicada a la literatura infantil y juvenil y publicada por LIBRERíAS L, un grupo de librerías independientes de distintas ciudades de España, unidas por el convencimiento de que trabajando juntas pueden seguir conservando su sello personal y a la vez llegar más lejos. 

 

 

¿Y qué contamos en la fiesta de Edelvives?

El pasado 9 de junio, jueves, se celebró en Madrid la entrega de los Premios Edelvives 2016. Y allí estuvimos Isabel Hojas (recién llegada de Santiago de Chile) y yo para recoger nuestro premio de álbum ilustrado para nuestro proyecto “La familia de la vajilla impar”, que se publicará en otoño.

La entrega de estos premios van acompañadas cada año de una gran fiesta, en la que la editorial sorprende a los invitados (¡y a los premiados!) con una puesta en escena siempre distinta y espectacular. Este año se celebró en el Nuevo Teatro Alcalá y giró en torno a la danza y pudimos disfrutar de distintos números de danza a cargo de la compañía Los Vivancos, alternándose con la lectura de algunos fragmentos de las obras premiadas y la proyección de imágenes relacionadas con ellas.

Y tras una divertida entrada en escena de los premiados en el escenario del teatro (¡bajo la inmensa capa roja de uno de los bailarines!) nos tocó decir unas palabras sobre nuestro trabajo. Esto es, aproximadamente, lo que contamos Isabel y yo sobre “La familia de la vajilla impar”, por si a alguien le apetece curiosear.


Voz en off acompañando a las  imágenes del álbum a modo de introducción:

La-familia-de-la-vajilla-impar---Beso-720pxHay quien piensa el mundo en números pares.

Dos candelabros, cuatro cucharas, seis tenedores, ocho copas de vino.

Pero lo cierto es que la vida está llena de números impares, de pérdidas, de reinvenciones, de extravíos.

Esta es la historia de la familia de la vajilla impar… y de sus incontables amigos. 

 

Isabel Hojas y Catalina Gonzalez - Premio Album Ilustrado Edelvivies 2016

Isabel Hojas y Catalina Gonzalez, posando con dos de las ilustraciones

Palabras de Isabel Hojas

Hace unos años nos conocimos con la Cata en la feria del libro de Guadalajara. Nos hicimos amigas y nació la idea de hacer algún libros juntas. La idea quedó rebotando y se hizo más fuerte luego de que la Cata viniera a Chile con su novio José de visita.

Con la Cata nos tomamos las cosas con calma, paso tiempo y entre otras cosas, me casé. Uno de los regalos que nos hicieron, fue un juego de loza. El regalo nos lo hizo mi tía abuela Felisa: loza blanca, de porcelana, para las comidas más elegantes.

Cuando entra ese tipo de cosas a mi casa , como una especie de rito y para que quede listo para usar, lo lavo. Luego de lavar todo, hice espacio en un mueble y lo guardé.

Al terminar, miré todo el juego, los platos apilados en pequeños montones, las muchas tazas y tacitas. Antes de cerrar la puerta del mueble, pensé, con esa mezcla de aprehensión y ansiedad que generan las cosas nuevas : ¿Cuánto tiempo me irá a durar completo? Esa misma tarde, la Cata me mandó un mail, con la historia de la vajilla impar. Fue una invitación irrenunciable.

 

Palabras de Catalina González

premiados Premios Edelvives 2016

Autores premiados – Premios Edelvives 2016

La historia del álbum es muy sencilla. A través del recuento de piezas de su vajilla cuenta la historia de la familia protagonista a lo largo del tiempo, desde que los niños son pequeños hasta que crecen.

Desde el principio quisimos que fuese un cuento acogedor. No solo porque habla del hogar, sino porque nos apetecía dar forma a un álbum en el que perderse, en el que mirar y mirar. Un álbum al que quisieras regresar, como se regresa una y otra vez a las pequeñas anécdotas que van dando forma a la historia familiar. Isabel ha conseguido eso y mucho más, pues ha llenado ese espacio doméstico de calidez, de humor y también de verdad.

Una de las cosas más bonitas del proyecto es que hay un continuo juego entre texto e ilustración. Mientras el texto se centra en el recuento de las piezas, con sus continuos ajustes y correcciones, las ilustraciones nos muestran escenas cotidianas en las que podemos descubrir el destino que esas piezas han sufrido, demás de apuntes sobre pequeñas tramas que vamos siguiendo a lo largo del tiempo.

Hay mucho de Isabel y de mí en este álbum. De nuestras infancias y también de los libros que nos gustaban de niñas, a miles de kilómetros la una de la otra.

Me gusta pensar que este es un cuento feliz sobre una familia imperfecta. Una celebración, en definitiva, del estar juntos y quererse.

Entrevista para La Gata de Almohada

A raíz de la concesión del Premio Álbum Ilustrado Edelvives 2016 a Una vajilla impar, estuve conversando con Mariluz, de La Gata de Almohada, sobre el trabajo que hay detrás de este proyecto y otras curiosidades más.

Traslado aquí una de las cuestiones que se plantearon, acerca del trabajo entre ilustrador y autor. La entrevista completa podéis encontrarla en este enlace.


L.G.A: Hemos leído en tu blog la bonita relación, si nos permites la palabra, gestada entre tú y la ilustradora de este libro, Isabel Hojas. ¿Cómo de importante es para ti que entre ambos creadores en este caso, haya esa chispa? ¿Cómo ha funcionado en Una vajilla impar?

La “chispa” personal entre el ilustrador y el escritor no es imprescindible para que un proyecto vea la luz, ni para que sea excelente. El editor puede hacer perfectamente de bisagra, de tal modo que ni siquiera lleguemos a conocernos personalmente. De hecho, probablemente este sea el camino más habitual, y yo estoy feliz con algunos libros que se han resuelto de ese modo. Sin embargo, para mí es un gran placer trabajar con ilustradores cuyo trabajo me interesa y con los que me siento cómoda, a gusto. Formar equipo con ellos, sorprenderme con los resultados que van obteniendo, encontrar el equilibrio en la forma de trabajar, distinta para cada persona, aprender a mirar a través de sus ojos. Todo eso me enriquece mucho, y me siento muy afortunada de poder disfrutarlo.

Eso incluye la relación personal que se establece con el ilustrador con el que estás armando el proyecto. Generalmente los contactos son a distancia, a través de mails y llamadas, y para alguien que trabaja muchas horas a solas, como decía antes, incluir este tipo de dinámicas dentro de la rutina cotidiana es muy refrescante.

 

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Con Isabel Hojas la “chispa” ha estado ahí desde el primer momento. Nos conocimos, nos hicimos amigas y pensamos en hacer algo juntas. Por eso digo que para mí este álbum está unido indisolublemente a ese proceso en el que hemos ido ir cultivando y afianzando nuestra amistad. Y eso forma parte de las recompensas cotidianas de las que hablaba antes. Un nuevo boceto que llega a tu correo, un intercambio de opiniones sobre esta o aquella ilustración, contarnos cómo nos va la vida… todo eso hace que el trabajo esté entrelazado con lo que le da sentido.

Un placer y una alegría colaborar con esta estupenda revista online de literatura infantil y juvenil.

P.D. La imagen principal de la entrada es la mesa de Isabel Hojas en algún punto del proceso de trabajo de La vajilla impar.

Lampedusa lector

El viernes visité la exposición sobre las lecturas de Lampedusa que se expone en la Casa del Lector, en Matadero, Madrid. Es una exposición modesta en su aspecto pero muy rica en contenido, ofrecido en pequeñas píldoras.

Ordenados por tradiciones literarias, anglosajona, francesa y con una pequeña visita a las lecturas españolas de Lampedusa, se exponen algunos de los libros que pertenecieron a su biblioteca personal, así como apuntes manuscritos en los que recoge las impresiones que sobre estos quería compartir en sus sesiones de lectura con su joven discípulo, Francesco Orlando.

 

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Biblioteca de Lampedusa

 

Cada autor viene acompañado de un breve texto introductorio, siempre interesante, y se destaca una cita de Lampedusa referente a él. En mi opinión el gran mérito de la exposición es que estas citas están muy bien escogidas y son tan potentes que bastan para darle fuerza y vida al recorrido. A través de ellas logramos sentir la gran pasión de Lampedusa por estos autores y podemos hacernos una idea de la profunda comprensión que tenía de sus logros y de la arquitectura que sostenía sus obras.

Como muestra tres de sus apuntes:

Stendhal ha logrado resumir una noche de amor en un punto y coma”.

“La Rochefoucauld desmonta tornillo a tornillo el mecanismo de las acciones humanas y consigue encontrar el eje que lo mueve todo: lo que él llama amor propio y ahora nosotros llamamos egoísmo. Nos presenta una humanidad brutal a pesar de la perfecta urbanidad del lenguaje y el estilo de diamantina simplicidad y claridad”.

“Las ideas de Montaigne puede ser bellas y buenas; otros las tuvieron antes que él, otros las tendrán después. Las ideas se dan siempre en número limitado, como las sensaciones, como las confesiones. La única droga que embalsama por los siglos de los siglos la momia de las ideas, es el estilo. El estilo de Montaigne.”

 

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Giuseppe Tomasi Lampedusa (Palermo, 1896 – Roma, 1957)

 

Remata la exposición un manuscrito de El Gatopardo – con una caligrafía limpia y extremadamente ordenada, en lo que supongo que será una copia en limpio de la obra-, fragmentos mecanografiados de su famosa novela, y un recorrido paralelo por la adaptación que hizo de ella Visconti en 1963.

“Leer bien para vivir mejor”, es el subtítulo de esta exposición en la que junto a Mercedes Monmany ha participado como comisario el hijo adoptivo de Lampedusa, Gioacchino Lanza Tomasi. Toda una declaración de principios o quizá solo una forma de estar en el mundo.

¡Se abre el telón!

¿Teatro?  ¡Teatro! Para niños y mayores, para representar en casa, para leer en voz alta, para montar una obra con los amigos, para la función de fin de curso. ¿Te gusta actuar? ¿O eres de los que prefieres permanecer entre bambalinas? ¿Te encantan los efectos especiales? ¿Te chifla rebuscar en los armarios en busca del vestuario? ¿Dirigir, quizá? ¿Publicitar el estreno? ¿Diseñar los decorados? ¿Hacer palomitas para un público entregado?

Aquí tienes una obra para sumergirte en el mundo del teatro. Para asombrar a otros o asombrarte a ti mismo. Para representar en el teatrito de cartón o con actores de carne y hueso. Con lo que encuentres por casa o con todos los medios de un gran equipo.

Ilustrado por Paula Alenda, sus acuarelas llenas de color te llevarán de la mano a través de las aventuras de Lula Luciérnaga y sus amigos, quienes tratan por todos los medios de conseguir que alguien les preste la luz que necesitan para la función que tendrá lugar en el bosque. ¿Les ayudarán las estrellas? ¿Y el señor Rayo? ¿Quizá el pez linterna?

Acompañado del teatrito de cartón diseñado por Paula, con sus siluetas y decorados, o bien como libreto independiente, Lula Luciérnaga podrá ser todo lo que tú quieres que sea.

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¡Solo en Con Trompa y Carton y tiendas elegidas!

Las diez reglas de Zadie Smith

Estas reflexiones de Smith sobre la escritura llevan circulando bastante tiempo por Internet, pero ayer las recordó Maria Popova en su siempre estimulante blog, Brain Pickings, y me ha apetecido incluirlas aquí.

Son unos consejos honestos y realistas, creo, que pueden convertirse, en ciertos momentos, en ese respaldo que necesitabas para aspirar a dar lo mejor de ti.

  • Mientras eres un niño, asegúrate de leer un montón de libros. Pasa más tiempo haciendo esto que cualquier otra cosa.
  • Cuando seas adulto, trata de leer tu propio trabajo como lo leería un extraño, o mejor aún, como lo leería un enemigo.
  • No idealices tu “vocación”. Puedes escribir buenas frases o no puedes. No hay un estilo de vida de escritor. Lo único que importa es lo que queda en la página.
  • Evita tus debilidades. Pero hazlo sin decirte a ti mismo que las cosas que no puedes hacer no valen la pena. No ocultes tus dudas con desprecio.
  • Deja un espacio decente de tiempo entre escribir algo y publicarlo.
  • Evita camarillas, pandillas, grupos. La presencia de una multitud no hará que lo que has escrito sea mejor de lo que es.
  • Trabaja en un ordenador que esté desconectado de Internet.
  • Protege el tiempo y el espacio en el que escribes. Mantenlos alejados a todos, incluso a las personas más importantes para ti.
  • No confundas honores con logros.
  • Cuenta la verdad a través de cualquier velo que tengas a mano, pero cuéntala. Resígnate a la tristeza vital de no estar nunca satisfecho.

Homenaje

El pasado viernes, día 9 de octubre, se celebró un sincero y emocionado homenaje a Elsa Aguiar, editora de literatura infantil en SM durante cerca de veinte años. Participaron en él su familia, sus amigos y compañeros de la editorial, autores, ilustradores, hubo espacio para todos y todos la recordaron como una persona excepcional, acogedora y generosa en su pasión por la vida y por su trabajo.

La editorial ha reunido en un volumen las reflexiones sobre su oficio, el de editora de literatura infantil y juvenil, que escribió para su blog Editar en voz alta. Preguntas y respuestas lanzadas a la blogesfera, como mensajes en una botella, y que llegaron a lo largo de estos últimos años a muchos que buscábamos esa conversación sobre temas que nos apasionan y en ocasiones nos desafían. Su lucidez, fruto de años de experiencia y de un olfato cultivado a base de lecturas, y su forma directa y sincera de abordar los distintos temas hacen que conversar con Elsa siga siendo, sobre papel o ante la pantalla, todo un placer y un aprendizaje.

Posibilidades

En ocasiones, la pregunta de si estaré escribiendo lo que debo. La certeza de que hay otras muchas posibilidades abiertas, la presión por realizar la elección correcta, aquella que me lleve un poco más allá.

Las historias aparecen y existe el deseo de escribirlas. Algunas historias se quedan y persisten. Eso es lo que ha sido siempre. Cuando no puedo renunciar a ellas es que es eso lo que tengo que hacer. No hay mucho más. Voy a ciegas. Solo me alumbra esa historia. Y mientras estoy inmersa en el trabajo siento que solo  me debo a ella.

 

Pasos

En aquella época, cuando dejé la universidad para averiguar si podía ser escritora, sin saber siquiera quién era yo, sin saber bien qué era escribir, sin conocer el mundo, buscaba en los libros respuestas y cada libro que tocaba mi alma era una revelación furiosa que me deslumbraba.

Miro hacia atrás y tiemblo ante esas épocas de no saber nada. De duda y de búsqueda en medio de la confusión que producía el querer y no saber.

Trampolín

Hay algunos trampolines a los que de vez en cuando subo sin atreverme a saltar. Me quedo allí, al borde, y vuelvo a bajar por la escalera de metal.

Sé que sobreviviría si lo intentase. Sé incluso que, si quisiese, nadie tendría por qué saber de mi intento.

Durante semanas o meses acaricio la idea de subir de nuevo y saltar. Lo veo claramente. Se me ocurren mil formas ingeniosas y brillantes de hacerlo. Termino pensando una vez más que es algo tan sencillo como intentarlo. Lo intento. Y nada es distinto esa vez.

Siempre pienso que habrá una nueva oportunidad y, después, que quizá es eso lo que pega a la tabla mis pies.