“Dentro de tu armario”, escribiendo sobre la ropa que vestimos

Hoy llega a las librerías “Dentro de tu armario”, un libro para jóvenes sobre la ropa que vestimos, su historia y lo que gira en torno a ella.

Este libro es fruto de un proyecto personal que comenzó hace ya varios años, cuando, tras leer distintos libros sobre la historia de la moda y sus apasionantes ramificaciones, me di cuenta de que no existía nada parecido que resultase atractivo a los lectores más jóvenes. Sin embargo, son ellos los que quizá con mayor pasión están descubriendo el mundo de la moda, aprendiendo a experimentar, tratando de expresarse y a la vez encajar, depositando en la ropa que visten, una identidad aún titubeante. Y también son los más expuestos al discurso, a menudo muy limitado y lleno de clichés, de la publicidad y la cultura audiovisual.

Frente a ese bombardeo constante, en el que la ropa es el modo de lograr estatus, en el que se refuerzan constantemente los estereotipos sobre lo masculino y lo femenino, en el que se fijan insistentemente expectativas muy pobres acerca de lo que se supone que tiene que interesarnos… ¿por qué no comenzar a generar un discurso alternativo, más amplio en su mirada, capaz de conectar, a través de la ropa, con una serie de realidades que ayuden a comprender mejor el mundo? Porque la ropa es moda, pero también economía, tecnología, consumo, ecología, diseño, arte, identidad, cultura, historia…

Conocer esas conexiones, ser capaz de decidir si comprar o no una prenda según su lugar de procedencia, reconocer determinadas formas y recordar de dónde provienen, identificar el color que es tendencia ese año y descubrirlo en otros muchos productos, conocer historias de personas que hicieron cosas extraordinarias con la ropa, más allá de mostrarlas en una pasarela… Todo eso ayuda al lector, o esa es nuestra esperanza, a abandonar la posición de un consumidor pasivo, que solo está pendiente de si podrá comprar la siguiente prenda indispensable.

A cambio, les aguarda la aventura de explorar la propia creatividad, decidir, investigar, sorprenderse con la enorme variedad de posibilidades que salen al encuentro, admirar a personas distintas a las habituales, preguntarse en quién podría convertirse uno mismo con un poco de suerte, de talento y de valor.

Días en la Biblioteca Internacional de los Jóvenes, Múnich (I)

 Hay personas que pasan media vida deseando visitar París, pisar por una vez el campo de fútbol de su equipo, contemplar una aurora boreal, despertarse una mañana en la sabana africana y encontrarse con la naturaleza tal y como aprendimos a soñarla. Son deseos que aparecen de forma muy distinta, a veces abriéndose paso con claridad, otras veces sin que les demos importancia, pero persistiendo a través de los años, hasta redescubrirlos un día como parte de esas experiencias que dan forma a la vida que ansiamos.

Yo tropecé con mi propio anhelo, algo infantil, algo caprichoso, hace diez o doce años. No era una montaña, ni un parque de atracciones, ni luces verdes en el cielo, era un castillo lleno de libros.

Leí sobre su existencia en una revista especializada en literatura infantil. Se trataba de un artículo en blanco y negro, con una de esas fotografías antiguas a las que no ayudan las malas reproducciones. Se veía el castillo de Blutenburg, a las afueras de Múnich, en el que está ubicada la Biblioteca Internacional de la Juventud. En otra imagen aparecía una mujer alta y fuerte, o eso me pareció, vestida con un uniforme militar y junto a un par de señores de gesto serio. El nombre de esa mujer es Jella Lepman. Ella fue quien fundó la Biblioteca tras la II Guerra Mundial, con la esperanza de que los libros infantiles fuesen un camino para construir un mundo mejor y en paz. El comienzo de una cultura común en el que la diversidad fuese algo que celebrar. Esa biblioteca, la Internationale Jugendbibliothek, es hoy, en día biblioteca más importante del mundo en Literatura Infantil y Juvenil, un lugar en el que se esfuerzan por reunir libros de todos los países del mundo, en todos los idiomas, para leerlos, conservarlos, compartirlos, pensar sobre ellos y aprender. Un lugar al que peregrinan especialistas de todo el mundo para ampliar su formación.

¿Por qué me impactó tanto en aquel momento descubrir la existencia de esa biblioteca? ¿Qué esperaba encontrar allí? Ni siquiera hoy puedo concretarlo, aunque sospecho que todos esos deseos poco conectados con nuestro día a día tiene en su origen alguna carencia. Lo que no tiene nada de malo. Aquello que nos falta es un poderoso motor que nos mantiene en movimiento. Incluso aunque ese sueño suponga una evidente idealización. Deseas ir a París porque el amor allí será más dulce. En Disneylandia los recuerdos resistirán el paso del tiempo, fijando una felicidad huidiza. Tras visitar el campo de tu equipo, la experiencia de verlos por la televisión resultará completa por fin. Las auroras boreales nos harán sentirnos especiales, nos permitirán demostrarnos, y demostrar a los demás, que en nuestra vida aún dejamos espacio para lo extraordinario. La sabana africana nos resarcirá del tiempo y el lugar en el que nacimos, alejados del contacto con la tierra, con la esencia y la belleza del mundo.

En mi caso, imaginaba que una estancia en la Biblioteca me ayudaría a sentirme más preparada para escribir, más legitimada, al menos, para intentarlo. Esperaba encontrar una revelación que marcase mi camino. No sentirme tan sola con mi búsqueda. Poder ofrecer, tras la visita, opiniones claras y contundentes, no solo preguntas. Una estancia en la Biblioteca me haría, en definitiva, una persona más segura y más capaz. Una mejor escritora.

Pese al tiempo que ha pasado, probablemente una parte de mí sigue ansiando lo mismo. Aprender. Ampliar de algún modo la mirada, descubrir libros que me ayuden a ver un poco más, o con más profundidad. Encontrar compañía en este aprendizaje. Porque no es aprendizaje glorioso, aunque sí feliz. Quiero decir, que aprendo torpemente, sin saber en absoluto si aprendo realmente, dando vueltas y más vueltas, deshaciendo el camino recorrido para darme cuenta, al cabo de unos días, de que ya tenía la respuesta y me había olvidado de ella. A veces puede ser frustrante, pero es importante saberlo y compartirlo.

Alimentar el mito de que las historias se escriben sin resistencia, que para ser un auténtico escritor, un escritor válido, tienen que aparecer ante ti intactas, perfectas, a falta de solo pequeños retoques, es lanzarse a luchar contra el dragón con las manos desnudas. No, cualquiera que sepa de dragones sabe que algo ayuda llevar cota y espada, utilizar el ingenio y contar con amigos.

A lo largo de los siguientes años, de vez en cuando, recordaba aquel lugar del que había leído y con el tiempo también oí hablar de él a personas que habían realizado estancias en la biblioteca.

Había becas para investigadores. Pero, ¿qué quería yo investigar? Sencillamente quería saber más, maravillarme, ir donde no esperaba, escribir, pensar, reflexionar sobre mi trabajo y los desafíos que no hay que perder de vista. No creo que fuese un proyecto de investigación convincente.

Además, tengo que confesarlo, solo hablo español. Es una de mis grandes penas (que debería ser capaz de resolver de una vez). Al leer las bases todas mis esperanzas desaparecieron, pues es imprescindible un dominio razonable del inglés o el alemán. Afortunadamente, mi pareja, que es profesor de Biología en la Universidad y entusiasta divulgador de su disciplina tanto para adultos como para niños, también sintió deseos de conocer este lugar y descubrir qué podíamos aprender aquí. Él, como buen científico, en seguida tuvo un proyecto sensato, medible y práctico: analizar la imagen de los científicos en los libros infantiles. Otro día hablaremos de esto, de momento lo que nos interesa es que él recibió la beca y yo le he acompañado para, de forma independiente, sumergirme en esta biblioteca.

Y, en fin, después de muchos años aquí estoy, en la Internationale Jugendbibliothek de Múnich, en el castillo de aquella fotografía en blanco y negro, ahora con todos los colores del otoño, comenzando a buscar libros tímidamente, comunicándome con sonrisas más que con palabras y preguntándome en qué se convierte aquello que sueñas una vez que tienes la oportunidad de vivirlo.

Teo Muchosdedos

Termina el verano y es el momento de ultimar algunos detalles de los libros que saldrán este otoño. En este momento estamos terminando de dejar listo Teo Muchosdedos, un libro ilustrado por Pere Ginard y publicado por A Buen Paso que llegará a las librerías entre octubre y noviembre.

Pruebas de maquetación, correcciones, últimos cambios… En el caso de los libros ilustrados, álbumes y libros informativos este es un momento doblemente interesante para mí. Por una parte, tienes por primera vez una visión de conjunto del trabajo que han estado realizando los otros miembros del equipo: editora, ilustrador, diseñador. Ahora es un poco menos tuyo y más de todos, y en ese gesto el texto ha crecido, se ha enriquecido y, con un poco de suerte, ha ganado en niveles de interpretación. Por otra parte, ahora que el libro comienza realmente a tomar forma  te enfrentas nuevamente al texto tratando de mantener cierta distancia que te permita ser precisa. Precisa para hacer las correcciones necesarias, pero no más. Precisa para limpiar y despejar, pero no traicionar el tono del texto. Precisa para mejorar, pero no volver loco al maquetador con tus cambios, priorizando lo necesario y aceptando que todo texto podría mantenerse vivo y cambiante a lo largo de tu vida.

ilustración de Pere Ginard para “Teo Muchosdedos”, editorial A Buen Paso 2017

 

Teo Muchosdedos es un cuento sobre jardines y jardineros, sobre la paciencia y el amor por los detalles, sobre la capacidad que tiene el trabajo bien hecho de hacernos felices. Y cuando me siento ahora a escribir sobre su inminente llegada a las librerías, eligiendo algunas de las ilustraciones que ha realizado Pere Ginard y pensando en el cuidadoso trabajo de la editora de A Buen Paso, Arianna Squilloni y en el trabajo siempre esencial del diseñador, Miquel Puig, me doy cuenta de que ese mismo amor de Teo por los jardines lo tenemos muchos por los libros. O por los jardines y los libros. O por los jardines, los libros y  las personas que viven de este modo, tratando de que cada nuevo trabajo sea algo especial, algo en lo que volcar lo que sabemos para que crezca y perdure lo que tenga que perdurar (quizá una radiante estación, quizá cien sabios años).

 

Nos vemos en la Feria del Libro de Madrid

¡Ya está en marcha la Feria del Libro de Madrid! La tarde del viernes 2 de junio, de 18 a 21 h estaré en la caseta de SM (nº 204-205-206) para firmar libros y charlar con aquellos a quienes os apetezca acercaros.

Conmigo estarán El secreto del huevo azul, las dos aventuras de Lila Sacher y tío Argus, y, por supuesto, mi nueva novela, Las Lágrimas de Naraguyá.

¡Será una alegría veros por allí!

Nos vemos en la Feria del Libro de Madrid

¡Ya está en marcha la Feria del Libro de Madrid! La tarde del viernes 2 de junio, de 18 a 21 h estaré en la caseta de SM (nº 204-205-206) para firmar libros y charlar con aquellos a quienes os apetezca acercaros.

Conmigo estarán El secreto del huevo azul, las dos aventuras de Lila Sacher y tío Argus, y, por supuesto, mi nueva novela, Las Lágrimas de Naraguyá.

¡Será una alegría veros por allí!

Lee el primer capítulo de Las Lágrimas de Naraguyá

1 Viaje al Amazonas

Conocí al profesor Méndez siendo niño. Mis abuelos y él eran amigos desde su juventud, mucho antes de que fuese un reputado miembro de la comunidad científica, por lo que en nuestra familia era conocido sencillamente como «el viejo Floren» o «nuestro querido Floren», incluso «el loco Floren». Esto no cambió con los años, ni siquiera en la época en la que estudié bajo su cátedra, cuando Florencio Méndez del Llano se había convertido poco menos que en una leyenda viva.

Era un hombre inteligente y despierto, siempre curioso y acogedor con todos. No es extraño que los estudiantes lo eligiesen, curso tras curso, el profesor del año. Incluso en su vejez, su visión del mundo era amplia e intrépida y, tras disfrutar de su amistad, uno ya no podía volver a ser el mismo. Insuflaba en el ánimo una esperanza y un valor que no creías poseer, agrandando los horizontes y logrando que la vida se revelase en todo momento como una verdadera aventura.

En su despacho de la universidad, al que acudí con tanta frecuencia durante años, había una vieja fotografía enmarcada que yo siempre miraba con curiosidad. El tiempo había oxidado las sales de plata dándole a la imagen un color amelocotonado, tan claro que la selva y el río del fondo se desvanecían hasta desaparecer en los márgenes. Por suerte, el centro de la instantánea se mantenía nítido. En él, vestido con altas botas y pasando un brazo sobre los hombros de otro joven de tupida barba rubia, estaba el mismísimo Flaco Floren, con sombrero de ala corta y todo el aspecto de un curtido explorador.

En esa fotografía apenas tenía veintipocos años, y ya se le veía como sería siempre: flaco, alto, con el pelo castaño algo revuelto. Pero lo que verdaderamente llamaba la atención a quienes visitaban su despacho era que en esa imagen el rostro del profesor todavía no mostraba la terrible cicatriz que todos le conocíamos. Una marca que cruzaba su rostro en diagonal y se perdía bajo el cuello de la camisa, asustándome y fascinándome en mi niñez a partes iguales. Mil y una versiones acerca de aquel primer viaje y del origen de la cicatriz corrían desde hacía años entre los estudiantes, pero lo cierto es que si estaba de humor, y solía estarlo, nadie contaba aquella historia mejor que el propio Floren. Cargaba su pipa, se reclinaba sobre el sillón y, apenas iniciaba su relato, podías sentir a tu alrededor el perfume de la selva y el graznido de las aves levantando el vuelo al paso del buque que le llevó río arriba, desde Macapá, en el delta, hasta el corazón mismo del Amazonas.

En aquellos lejanos días, mientras avanzaban adentrándose más y más en la selva, Florencio Méndez llevaba consigo un único libro. Sus dimensiones, pensadas para guardarlo en cualquier bolsillo, eran tan reducidas que en su portada no cabían más que las tres primeras palabras del título:

Plantas carnívoras desconocidas

Por lo que era necesario abrir el libro por la primera página para conocer el título completo:

Plantas carnívoras desconocidas que pueden acabar contigo

Si semejante encabezamiento no te desanimaba, debías avanzar hasta la segunda página para averiguar el nombre del autor:

Dr. Elton Guills, Universidad de Cambridge

Qué había llevado al profesor Guills a inclinarse por tan espinoso tema, abandonando los invernaderos acristalados de su universidad para adentrarse en las selvas de Borneo o escalar el recóndito monte Kinabalu, era un misterio para sus colegas. Pero tras treinta años de estudio e incesantes viajes, aquel libro, tal y como prometía el título, resumía el trabajo de su vida revelando la existencia de al menos seis nuevas especies de plantas inusualmente voraces.

El único problema, tal como reconocía el propio autor en el prólogo, era que, pese a sus esfuerzos, no había logrado reunir las mínimas pruebas físicas –una hoja, una semilla, un pétalo– necesarias para refrendar sus descubrimientos. El motivo era muy sencillo: aquellos que habían tratado de conseguirlas habían perecido en el intento.

Él mismo había pagado un alto precio por intentarlo. Bastaba observar los dos retratos de Elton Guills que aparecían en el librito para confirmarlo. En el primero de ellos, un dibujo a carboncillo realizado por su ayudante en lo alto del monte Putu, se veía claramente que al profesor le faltaba el brazo izquierdo. Unas páginas más adelante, en un esbozo fechado durante la última de sus expediciones por las selvas de Sri Lanka, se echaba de menos su pierna derecha, sustituida apresuradamente por una pata de palo.

Pese a su avanzada edad y las significativas pérdidas sufridas durante su investigación –incluida la del ayudante que había realizado los retratos y que había cometido el imperdonable desliz de sentarse sobre una Carnivalis domestica–, el profesor continuaba en activo, tal y como se informaba en la solapa del libro.

Fascinado por el trabajo de Guills y deseando encontrar un tema de investigación que le inspirase, Floren había solicitado a la universidad inglesa la dirección actual del profesor. No tardaron en responderle. Hasta donde sabían, su eminente aunque excéntrico colega vivía desde hacía algún tiempo en lo más profundo de la selva amazónica, en un lugar llamado Amor de Dios, una zona extremadamente lluviosa, llena de pantanos y lagunas, donde lo único que uno podía tener la suerte de encontrar era, precisamente, alguna planta hambrienta. Poco después, Floren había enviado una primera carta, llena de preguntas y estimulantes sugerencias, al otro lado del Atlántico, camino de la selva tropical.

Sigue leyendo el primer capítulo

Sobre Las Lágrimas de Naraguyá

Hoy llega a las librerías mi nueva novela, Las Lágrimas de Naraguyá, un relato de aventuras que transcurren en el Amazonas y que publica SM en su colección juvenil,  Gran Angular.

Me hace especialmente feliz esta publicación. Quizá porque disfruté mucho escribiendo esa historia. Quizá porque me recuerda a los días en los que comencé a darle forma.

Aunque escribir requiere rutinas y me paso la mitad del tiempo tratando de lograr ser organizada e imponer cierta disciplina a mi trabajo diario, el origen de las historias suele estar, al menos en mi caso, lejos de la mesa de trabajo.

Recuerdo que comencé a escribir La invasión marciana sentada en el banco de un parque de Barcelona. La idea inicial de Miss Taqui llegó, como no podía ser de otra manera, mientras pasaba la aspiradora. Los coleccionistas tiene su origen en la emoción asombrada de una visita al Museo de Artes Decorativas de Praga y Lila Sacher y los Muelles del Horizonte en un paseo en  velero frente a la ciudad en la que nací y que me pareció redescubrir aquel día.

Comencé a escribir Las lágrimas de Naraguyá en una cabaña en medio de la selva amazónica peruana, durante un inolvidable viaje en el que no tenía planeado escribir una sola palabra. Habíamos buscado un lugar lo más apartado posible esperando sentir la belleza natural de la selva, pero no me hago ilusiones respecto a la intensidad que puede alcanzar la experiencia de adentrarse en la Amazonía para alguien que no deja de ser una turista. Aún así, a salvo en una pequeña casita de madera con su correspondiente pared de mosquitera, sintiendo la caída de la noche alrededor,  puedes respetar y rendirte de amor por la naturaleza que te envuelve. Lo más hermoso, me pareció, eran los extremos del día, quizá por su quietud o porque en esos momentos es mayor la sensación de encontrarte con lo primitivo del mundo. Cuando salíamos temprano en canoa, con el río y los árboles entre la niebla, o al atardecer, con el cielo de colores intensos sobre el verde.

Allí, a la luz de las velas, en una libreta y con letra difícil de descifrar, comencé a escribir la historia de Floren el Flaco y de Meteo, el buscador de meteoritos. Allí nacieron la bella Muyuna y su misteriosa abuela, Victoria Regia, los leales y salvajes caucheros, las temibles Falmígeras Carnívoras, el Lobo de Río y los hermanos Cardoso. ¡Qué placer, inesperado siempre, es escribir sin parar, sin dar apenas abasto para la historia que acude! Con el tiempo me he dado cuenta de que hay que hacer lo imposible por no rendirse antes de hora en esos momentos, por continuar escribiendo, tirando del hilo, hasta donde nos lleve. No significa que todo lo que escribas entonces perdure, pero a menudo en esos momentos la historia adquiere una coherencia interna que tiene una naturalidad, una inevitabilidad, muy costosa de lograr después.

Esas páginas apresuradas quedaron allí, detenidas, mientras el viaje nos llevaba a otros lugares. Pero yo sabía que tenía algo, un comienzo, un atisbo, unos personajes que me hacían desear acompañarlos. Y durante los siguientes meses, ya en casa, seguí rondando aquella selva, tratando de poner nombre a lo que había visto brevemente, construyendo otro viaje, muy distinto pero tan perdurable como para añorarlo tiempo después, cuando la novela quedó terminada.

De todo eso hace ya unos años. Las novelas necesitan reposo, ser releídas y reescritas. Y luego pasan a manos de los editores y hay calendarios y tiempos de espera. Ahora ya está aquí, con esa emoción de la escritura en algún lugar de su interior, con la esperanza de lograr ahora la combustión perfecta y convertirse en emoción lectora.

Miss Taqui en e-book

Pues sí, la editorial mexicana Nostra ha puesto en circulación una versión digital de Miss Taqui, del cuento con el que gané hace algunos años el Premio Invenciones de Narrativa Infantil.

Es una alegría porque hasta ahora era realmente complicado conseguirlo en España ¡y a mí se me habían acabado los ejemplares para regalar!  Así que es bonito saber que a partir de ahora, y por un precio de lo más razonable (2,49€), quien tenga curiosidad podrá leerlo.

Es un cuento del que muchos me habréis escuchado hablar. Me dio muchas alegrías y esa una historia que me sigue encantado. El relato de cómo una niña, dueña de una fábrica de reciclar el polvo, toma las riendas de su vida y de paso revoluciona la de los habitantes de la pequeña ciudad de Ovlop.

En la versión en papel tiene una extensión de 88 páginas. En esta versión digital se han conservado las ilustraciones de Isidro R. Esquivel, llenas de color y fantasía, aunque  ajustándolas a un tamaño algo menor.

Podéis encontrarlo en plataformas como Amazon, y también en iBook Store para los usuarios de Apple.

¡Ojalá lo disfrutéis tanto como yo!

Entrevista en RTVE.es

Un cuento compara la historia de las familias con la de sus vajillas

JESÚS JIMÉNEZ (@vinetabocadillo) por JESÚS JIMÉNEZ (@vinetabocadillo) / 28.11.2016

A veces las cosas a las que prestamos menos atención son las que mejor resumen nuestra historia, como nuestras vajillas, que sufren tantos cambios como los miembros que componemos cada familia. Ese es el argumento de La familila de la vajilla impar (Edelvives), un precioso libro ganador del V Premio Internacional Álbum Ilustrado Edelvives. Hemos hablado con sus autoras, la escritora Española Catalina González Vilar y la ilustradora chilena Isabel Hojas.

“El álbum –asegura Catalina- cuenta la historia de una familia a lo largo de una serie de años. Sin embargo, mientras las ilustraciones nos muestran una sucesión de escenas domésticas: meriendas en el campo, tardes en casa, peleas, acampadas, primeros besos… el texto se centra en el recuento de las piezas de la vajilla de la familia, que página tras página sufren toda clase de pequeños accidentes y extravíos”.

“Me gusta mucho lo que escribe Catalina –asegura Isabel Hojas- y desde que la conocí y conocí su trabajo, quise ilustrar alguno de sus textos. La historia de la vajilla me tocó personalmente porque me crié en una familia grande, que no es muy hábil demostrándose los cariños, pero la mesa y la comida rica nos reúne, así sea con mantel descolorido, cubiertos desparejados y platos saltados”.

Ilustración de 'La familia de la vajilla impar' Ilustración de ‘La familia de la vajilla impar’

Reunidos alrededor de la mesa

La historia de las familias podría resumirse alrededor de una mesa, con la vajilla como testigo: “En realidad es algo que nos sucede a todos –asegura Catalina-. ¿No tienes a veces la sensación de que muchas de las piezas de la vajilla que te acompañaron en la infancia tienen una historia, y que uniendo esas pequeñas historias podrías contar quiénes sois tú y tu familia, qué habéis vivido y qué cosas son importantes para vosotros?”.

“A la vez –continúa la escritora-, son cosas frágiles, que se rompen, se pierden, que no podemos retener, especialmente si les damos uso. Hay un ideal de números pares para las vajillas, seis, doce, veinticuatro. Así son cuando las compras. Y luego llega la vida y todo se trastoca, cambia, es de otro modo. Afortunadamente, la perfección no lo es todo, ni mucho menos, y de eso va también el cuento”.

Un cuento que también tiene mucho de autobiográfico (de ambas autoras), como confiesa Isabel Hojas: “La inspiración viene de todos lados, viene de la vida propia y ajena, pero puede ser que este libro en particular, tenga mucho de la vida familiar de Catalina y mía”.

Además, el libro también tiene una parte de juego para los más pequeños: “Sí, es algo que tanto Isabel como yo teníamos muchas ganas de incluir en el libro. Queríamos un álbum en el que el lector pudiese sumergirse, que continuase sorprendiéndolo después de varias lecturas. Por eso no solo se trata de encontrar en la ilustración todas las piezas de la vajilla que se nombran, y averiguar cómo se perdieron o extraviaron las que faltan, sino de estar atentos a los detalles que cuentan la historia de la familia a lo largo de esos años, pequeñas tramas divertidas de descubrir”.

Ilustración de 'La familia de la vajilla impar' Ilustración de ‘La familia de la vajilla impar’

La familia de la vajilla impar

Está claro que La familia de la vajilla impar está basada en una familia de otra generación, porque ya casi no quedan familias tan numerosas: “La familia del libro –asegura Catalina-está compuesta por un padre, sus tres hijos, dos chicos y una chica, y la abuela. Es una familia impar en más de un sentido, como su vajilla”.

“Estos son los personajes principales –continúa la escritora-, pero el círculo familiar es más amplio y abarca a sus vecinos, ¡tan pelirrojos!, y a otro matrimonio, ¿quizá son sus tíos? Además, no nos podemos olvidar del canario, el perro, la gata y sus cachorros. ¡Es un álbum con muchos personajes!”.

Isabel nos comenta cómo ha dibujado a estos personajes: “Los miembros de la familia son gente grandota, hecha de tinta y témpera, rellena con recuerdos revueltos de gente querida”.

“Creo que el gran mérito de Isabel en este álbum –afirma Catalina-, más allá de todos los juegos y las pequeñas claves que encierran las ilustraciones, es que ha conseguido crear en él una atmósfera acogedora, convertirlo en un lugar donde quedarse. A lo largo de la vida de una familia hay de todo, también momentos tristes y momentos de enfado, y eso hemos querido reflejarlo, pero la delicadeza de Isabel al tratar todos los temas permite que el álbum nunca deje de ser una historia sobre el hogar y las personas que se quieren”.

Ilustración de 'La familia de la vajilla impar' Ilustración de ‘La familia de la vajilla impar’

Un cuento para compartir y para aceptar los cambios

Catalina resume así al moraleja de este cuento: “Disfrutar de lo que se nos ofrece, sí, pero también aceptar que la vida está llena de cambiosde pérdidas y hallazgos, que no hay un único modelo de familia, que lo importante, en definitiva, son las relaciones personales, la red de afectos y momentos compartidos”.

“Estas son las ideas que están en el corazón del álbum, pero no de un modo evidente –continúa-. En realidad hay muchas capas de lectura, un niño pequeño se fijará en las mascotas de la familia, otro buscará similitudes con sus propias actividades o se preguntará sobre las peculiaridades de su propio núcleo familiar”.

“A muchos niños les encantará el juego de buscar las cucharas, platos y vasos, otros querrán hablar sobre el personaje de la abuela o mirarán en sus armarios y preguntarán por la historia de esas copas que sus padres solo utilizan en Navidad… Es un libro para detenerse y mirar, para descubrir pero, sobre todo, para hablar.

Ilustración de 'La familia de la vajilla impar' Ilustración de ‘La familia de la vajilla impar’

Una fantástica ilustradora

Aunque sus obras no hayan llegado a España con regularidad, Isabel Hojas es una de las ilustradoras chilenas más interesantes de la actualidad, con obras como Gabriela, la poeta viajera (Premio Marta Brunet 2008 y seleccionado en la Lista de Honor IBBY 2010), Sabores de América, o Palabras, regalo palabras.

Destaca la calidez, el humor, la cotidianidad y el colorido de estas ilustraciones que podríamos enmarcar. “El estilo de las ilustraciones –nos comenta- no lo elijo muy conscientemente…se va dando de a poco, cuando ya he definido los personajes y empiezo a armar el escenario en que se mueven. Y eso –que no sé si llamarlo estilo- siempre guarda una distancia con lo que proyecté al comienzo. Creo que los colores en este libro fueron determinantes, porque me importaba mucho la atmósfera de los distintos momentos que representaba el libro, y el papel sobre el que están hechas las ilustraciones me ayudó en eso”.

Y es que el cariño que pone en sus ilustraciones queda claro desde el momento en que elige hasta un papel especial para realizarlas: “Es un papel de ferretería que se usa para emparejar las paredes antes de empapelar –afirma Isabel-. Me gusta la manera en que absorbe las tintas, lo hace muy diferente a los papeles de acuarela tradicionales porque no tiene ningún tipo de apresto, ni sabe de algodón”.

“Al ser un papel de uso ferretero –continúa-, es ácido y se amarilla con el tiempo. Las ilustraciones se van amarillando y oscureciendo, como pasa con el papel de diario viejo. Las imágenes se van a perder en algún momento, parecido a lo que pasa con las fotos polaroid”.

En cuanto a sus proyectos, Isabel nos comenta que: “Estoy trabajando con la Cata en un nuevo libro para Amanuta, una editorial chilena. Espero que llegue allá cuando esté terminado”.

Ilustración de 'La familia de la vajilla impar' Ilustración de ‘La familia de la vajilla impar’

Una autora imprescindible en la literatura infantil y juvenil

En cuanto a Catalina González Vilar, es uno de los nombres imprescindibles de la literatura infantil y juvenil actual, habiendo ganado casi todos los premios del sector, desde el Barco de Vapor (El secreto del huevo azul, 2012), hasta el III Concurso Internacional de narrativa juvenil de la Editorial Nostra (México), por Miss Taqui; o el V Premio Villa de Pozuelo de Alarcón de novela juvenil por Los coleccionistas.

Portada de 'Lila Sacher y los muelles del horizonte'Portada de ‘Lila Sacher y los muelles del horizonte’

Además de La familia de la vajilla impar, la escritora acaba de publicar el segundo libro de la saga protagonizada por Lila Sacher, una niña exploradora. Su título es Lila Sacher y los muelles del horizonte.

“Es una novela de aventuras –asegura Catalina-, la segunda protagonizada por Lila tras Lila Sacher y la expedición al norte. Esta vez ella y su tío deciden tomarse unas Verdaderas Vacaciones, así, con mayúsculas, y viajan hasta Opalina, una ciudad de ensueño famosa por sus atardeceres. Sin embargo, cuando llegan allí descubren que no es tan fácil como pensaban convertirse en unos simples turistas y dejar atrás las aventuras”.

“En esta novela hay faros, posadas, barcos, ciencia, arte, romances, inventos, niebla, ¡mucha niebla! y nuevos amigos para Lila y tío Argus” -comenta la autora-.

“Mi idea –añade Catalina- es que la serie de Lila Sacher continúe. Son unos personajes con los que me siento como en casa, hacen que mi imaginación se dispare y también me hacen reír. La sensación es de que me gusta estar con ellos, y muchos lectores parecen sentir lo mismo. Después de todo, ¿quién no quiere tomarse una verdaderas vacaciones con alguien como tío Argus y Lila Sacher?”

En cuanto a nuevos proyectos… “¡2017 promete ser un año interesante! –afirma Catalina- Me hace mucha ilusión un álbum que está ilustrando Violeta Lópiz y que publicará A Buen Paso, una novela juvenil ambientada en el Amazonas con SM, y un nuevo proyecto con Isabel Hojas, esta vez con la editorial chilena Amanuta. ¡Estoy feliz de volver a trabajar con ella!”.

¡Ya en librerías! La familia de la vajilla impar – Premio Edelevives 2016

 

Esta es la historia de la familia de la vajilla impar.

Si te asomas, apuesto a que te va a encantar.

Cuenta como grandes y pequeños jugaron, pelearon, se cuidaron y crecieron sin parar.

 

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Pero… ¿qué ocurre?

¡EN ESTE ÁLBUM HAY ALGO MÁS!

 

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Está lleno de tazas rotas, vasos que vuelan, cucharas perdidas 

y soperas que ya no se pueden tapar.

Después de todo, este es el hogar de la familia de la vajilla impar

y estas cosas… pueden pasar.

 

¿Estás preparado?

¿Crees que lo podrás soportar?

Abre bien los ojos y no dejes de contar, 

lo creas o no lo creas, todo lo que se nombra

¡tiene que estar!

 

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(Ah, y sí, sí, estamos de acuerdo,

cuando nadie mire 

puedes utilizar los dedos 

para contar)